Esta situación ha sido advertida por veterinarios expertos en razas peligrosas. En menos de un mes se produjeron dos ataques, el de una anciana de 85 años y el de una bebé de un año y medio, el domingo.
A menos de un mes de que una perra pitbull atacó a una anciana de 85 años en Maipú, por lo que debieron amputarle una pierna a la mujer, de nuevo esta raza vuelve a ser noticia: el domingo un can mordió a una bebé de un año y medio en El Algarrobal, en Las Heras, y hay preocupación.
LA CULPA NO ES DEL PERRO. Para algunos veterinarios especialistas en la crianza de perros denominados peligrosos (pitbull, dogo argentino, rottweiler, doberman, por citar algunos) es erróneo criminalizar al animal y no atender profundamente a un fenómeno social que está creciendo en algunas zonas y barrios de Mendoza sin el control adecuado. Para Raúl Valdivia, dueño de la veterinaria Villanueva, en Guaymallén, y reconocido criador de pitbulls, son varias las aristas a tener en cuenta a la hora de analizar la situación. “Llegué a tener 15 pitbulls en casa y el último que tuve dormía con mi hija de dos años. Lo primero que hay que tener en cuenta es el fin con que se creó la raza, no hay que ser inocentes al respecto, la raza es de pelea y, por ende, tiene una tendencia nata a la agresividad, pero no es culpa del animal, es un realidad genética, que a veces puede revertirse, obvio, sin perder el instinto, a través de la educación del perro”, dijo el veterinario.
Según destacó, lo que ocurre con esta clase de animales es que si no tienen una buena conducción de autoridad y además desarrollan su vida en ambientes en que se potencien sus niveles de agresividad –es decir mucho tiempo atados o instados por sus dueños a pelear o sin un correcto entrenamiento para descomprimir energía– se vuelven agresivos con su entorno. “No cualquiera puede tener un pitbull y quienes decidan hacerlo deben tener conocimiento de los rasgos propios de la raza. Aquí es preciso que entre a jugar también la conciencia de los profesionales que venden estos animales y se fijen a quién se los entregan. Cuando yo tenía perros, varias veces me negué a venderlos, porque el comprador no demostraba carácter para educar al animal o porque no sabían explicarme para qué fines lo querían”, afirmó Valdivia.
DE MODA. Una situación que, a entender de muchos profesionales, debe blanquearse sin temores para poder prevenir males mayores es la proliferación de ejemplares de estas razas en los denominados barrios “bravos de la provincia. Una problemática que está siendo advertida y que incluiría zonas comprendidas entre los barrios La Gloria de Godoy Cruz, La Favorita de Capital, San Martín, otras de Las Heras y extensiones del piedemonte. “Sin el ánimo de discriminar o criminalizar a nadie, debemos sincerarnos y visualizar mentalmente el mapa en donde se han producido los ataques en los últimos tiempos.
Si marcamos los lugares en un papel, vamos a ver que dibujamos casi un círculo en el cual siempre en las cercanías de los ataques hay algún barrio conflictivo”, enfatizó Valdivia. Esta misma idea es compartida por Lucas Sbriglio, jefe del equipo veterinario de Maipú, quien, además, es criador de dogos. “Son razas que fueron creadas por humanos con fines determinados de pelea y, tarde o temprano, su genética se expresa, más aún cuando las condiciones del medio ambiente del animal son violentas. En muchos lugares, estos perros son señal de estatus y no es su culpa”, detalló el médico. Por su parte, para Silvia Vargas, directora de Salud de Las Heras, esta situación no es desconocida.
“Hacemos recorridas diarias y es cierto que puede observarse la tenencia de estos animales sin el cuidado necesario en algunos barrios humildes, pero debemos decir que, a veces, estos ejemplares no son puros, sino que se trata de cruzas que, en ocasiones, los hacen hasta más peligrosos”, afirmó la profesional.
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