El barrio La Gloria se quedó sin centro cultural

El barrio La Gloria se quedó sin centro cultural
Hace una semana, un matrimonio llegó a la sede aduciendo ser propietario de la vivienda que ocupaba la entidad y obligaron a desalojar. Unos 15 chicos y sus familias se quedaron sin espacio físico para desarrollar diversas actividades. Los detalles.
Hace una semana que La Casa de la Murga, en el barrio La Gloria, debió cerrar sus puertas a raíz de un sorpresivo desalojo que dejó sin espacio físico a una veintena de chicos y a sus familiares para desarrollar diversas actividades integradoras.

El lugar que hacía las veces de centro cultural del barrio había sido inaugurado en el 2004, cuando, tras conseguir fondos provenientes de una fundación de Holanda que brega por el desarrollo de América latina, Domingo Chicho Vargas, un reconocido hacedor cultural mendocino, junto a otros referentes barriales, inició la difícil cruzada de ayudar a bajar los niveles de violencia de la zona, integrar a sus vecinos en actividades en comunidad y mostrar la mejor cara del barrio a través de la cultura y la educación.

El nombre de la entidad se debe a que el primer gran logro que tuvieron Vargas y los referentes que apostaron a los jóvenes del La Gloria fue la murga conocida como Los Gloriosos. Así, cuando abrazaron el sueño de tener un espacio físico propio, la referencia a ese grupo era infaltable.

La Casa de la Murga era el lugar donde los chicos de Los Gloriosos ensayaban y guardaban sus instrumentos, pero también donde se dictaban los talleres de teatro comunitario y de títeres y la cuna de un nuevo proyecto murguero con integrantes más pequeños, Los Amantes de la Gloria. Además, la casa servía como lugar de encuentro ante problemáticas barriales, para reuniones del banquito de fomento que funciona en la zona, para las clases de apoyo escolar que algunos profesores dictaban esporádicamente y para la organización de fiestas en las que participaban los habitantes del barrio, como el carnaval y la celebración de San Pedro y San Pablo.

EL DESALOJO. El 16 de agosto a la mañana llegó a la casa –ubicada en la manzana E, entre calles Ushuaia y Bahía Bustamente– una pareja munida de un papel que certificaba su propiedad sobre la vivienda. Tras informar de esta situación a la casera, le pidieron que se retirara de la vivienda con su pequeña hija.

La mujer, sorprendida y sin mediar explicaciones, obedeció la orden y se retiró del lugar dejándoselo al matrimonio.

“Cuando nos enteramos, esta gente ya estaba instalada en la casa y nos devolvieron las cosas –escenografía, vestimenta, instrumentos, títeres y algo de mobiliario–, que repartimos entre las casas del barrio hasta tanto tengamos otro lugar para seguir funcionando”, detalló Mariela Svachca, integrante de La Casa de la Murga.

Desde la entidad, sus responsables admiten que quizás hubo errores en la adquisición del lugar, que fue pagado por ellos a través de una colecta.

“Intentamos hacer contacto con los propietarios originales de la casa pero no pudimos, entonces se la compramos a una de las tantas personas que pasaron por la cadecadena de compra-venta. Nos salió 7.000 pesos, y quizás nuestro error fue que no conocíamos que había un proceso especial para este tipo de operatorias en el IPV, porque la casa todavía no está cancelada. Nosotros pagamos parte de las cuotas que faltaban pero, al parecer, alguien la ha cancelado toda, y entonces se puede decir que son propietarios de la misma”, detalló la referente barrial.

Así, no es mucho el margen de reclamo que le queda a la entidad, que ahora deberá iniciar otra lucha para conseguir un lugar, ya que desde la Municipalidad de Godoy Cruz afirman no poder hacer nada ante la situación.

“Nosotros tenemos buena voluntad para ayudar, pero no contamos con un espacio físico para darles. Lo que sí podemos es ir a ver el expediente al IPV para saber si lo que dice la gente que los desalojó es verdad o ayudarlos con insumos y acondicionamiento si consiguen otro lugar para alquilar, igual que hemos ayudado a la casera del centro cultural y le hemos propuesto pagarle el alquiler por unos meses hasta que consiga donde ir, pero no podemos prometer una solución final al tema porque no contamos con los medios ni para este centro ni para ninguna otra organización”, aseguró Jorge Tevez, secretario de Gobierno de la Municipalidad de Godoy Cruz.

El mal mensaje hacia adentro

Con el cierre de La Casa de la Murga, diversas reacciones se dieron en el barrio, desde aquellos jóvenes que –inmersos en un código propio de convivencia– querían desalojar a la pareja ocupante de la vivienda por la fuerza hasta aquellos que, llenos de bronca e impotencia, se preguntaban a los gritos para qué había servido tanto esfuerzo. “La gente que participa en las actividades culturales está muy enojada y triste, son los casi 20 chicos de la murga y sus familias los que se quedaron en la calle. Muchas mamás venían a decirme: ‘Vio que al final les piden a los chicos que hagan las cosas bien, y cuando lo están haciendo, los sacan a la calle y nadie los defiende’. Ante la contundencia de esa verdad, te quedás helada, pero no podés bajar los brazos, tenés que seguir peleando y demostrarles a los chicos que la violencia no conduce a nada, que vamos a conseguir otro lugar, pero a través del diálogo y la paz”, explicó Mariela Svachca, integrante de La Casa de la Murga. El más angustiado es Domingo Chicho Vargas, quien, por estar trabajando en un proyecto junto a su hermano, el director y dramaturgo teatral Arístides Vargas, radicado en Ecuador, se encuentra fuera de la provincia y sigue todo a través del teléfono. “A Chicho le quedan unos 20 días afuera y está muy triste, pero es optimista respecto de que algo va a pasar, que no nos podemos quedar en la calle”, dijo Svachca. Mientras tanto, la murga seguirá ensayando en la plaza, en las esquinas, en donde el clima se lo permita, para que la buena cara del barrio La Gloria no se empañe con la tristeza de este cierre inesperado.

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