El desalojo de una familia con una criatura de solo meses de vida en el barrio La Esperanza, volvió a reflotar la problemática en la que viven cientos de familias en el sector, que nació como asentamiento y que hoy casi convertido en barrio aún no llega a una vida normal.
El barrio la Esperanza, ubicado en la zona norte de la ciudad, lleva encima numerosos desalojos concretados y cientos de exposiciones realizadas en diferentes áreas de la justicia por la propiedad y ocupación de los terrenos.
El más reciente de los desalojos se concretó el martes, por una orden emitida por el juez Porfirio Acuña. Sin embargo, la lista de desalojos en los últimos años es incontable, al igual que las presentaciones realizadas por lo menos por cuatro supuestos dueños. A la fecha nunca se logró definir ciertamente a quién o quiénes pertenecen los terrenos.
El barrio se fue formando por algunos asentamientos aislados, luego masivos, y hasta por la venta ilegal de algunos terrenos.
Aunque la mayor parte de los terrenos fueron vendidos a precios muy bajos, a muchos vecinos les pasó que sobre ese boleto de compra venta llegaron otras familias más también reclamando la propiedad del terreno con boletos de compra venta similares. Eso fue lo que le sucedió a Betiana, quien de buena fe asegura que compró el terreno hace 5 meses pagando $2.000 y construyó su casita, hasta que la orden judicial le exigió que se fuera del lugar donde había depositado sus esperanzas, sacrificio y empeño.
"Aquí cada terreno tiene como diez dueños", comentó Betiana reconociendo la situación, pero asegurando también que quien realizó la denuncia por usurpación, al igual que ella sólo tiene un boleto de compra venta.
Luego del desalojo realizado el martes por la Unidad Judicial N°8 la mujer quedó a la deriva en medio del viento y con su bebé, que además padece problemas cardíacos.
Ante la falta de un lugar donde ir y la impotencia de ver que su sacrificio fue en vano, se vio obligada a reinstalarse en aquel lugar que pagó peso sobre peso.
Urbanización inconclusa
Luego de varios reclamos, el IPV el año pasado inició la urbanización en La Esperanza, logró construir varias viviendas, mejoras habitacionales, la regularización en algunos sectores de los servicios y la construcción de cordones cuneta, sin embargo, la obra por el momento está inclusa y varias familias aun no cuentan con agua ni luz como corresponde. A pocos metros de donde hay veredas y cordones cuneta, hay ranchitos que se caen a pedazos. Mientras que otros aun viven o sobreviven sin los servicios indispensables.
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