Escribe el periodista Diego Llorente para analizar el impacto que tuvo la Fiesta del Chocolate en una ciudad como Bariloche. Sostiene que es muy positivo y que hacen falta más gestos de ese tipo.
Sin embargo, fue mucho más acá en el tiempo cuando Bariloche se pobló de miles de familias de diversos puntos del país y del mundo que obnubilados por las bellezas naturales de por acá, decidieron afincarse en la puerta de entrada de la Patagonia Argentina.
Tal vez sea una de estas razones, encontrando la falta de un arraigo como denominador común, la que lleva a que Bariloche carezca de una identidad colectiva. Que todos tiremos para un mismo lado y no cada uno a favor de sus intereses. Este análisis integra tanto a todos nosotros como ciudadanos, a las autoridades municipales de turno y al empresariado local.
Esta conjetura lleva a que nuestra querida ciudad al no tener una identidad colectiva, donde todos y cada uno de sus residentes sientan a Bariloche como propia, genere diversos y reiterados fracasos.
“La suiza argentina” se ha caracterizado por las disputas: se crea un club – por citar un ejemplo - y al poco tiempo surgen diferencias, se dividen y se crean uno o dos más para competir con el primero. Se hace una fiesta: la mayoría no apoya o no acompaña porque consideran que fulano la organiza para su bolsillo, que tiene todo arreglado y que los premios serán “a dedo”. Y así, nadie colabora y todo se frustra.
Salvo grandes excepciones que incluyen a empresas e instituciones y personas particulares, Bariloche no tiene gestos de unidad, colaboración y solidaridad. Muestras claras son nuestro deporte, (sin grandes actuaciones a niveles nacionales e internacionales y quienes brillan lo hacen por merito propio y sin respaldos), la Fiesta de la Nieve (la cual la mayor parte del pueblo cree que cada año que va a ser mala), la pérdida de la Fiesta de las Colectividades (se mudó a Dina Huapi), la eterna disputa política entre bandos opuestos y el reiterado NO a cualquier iniciativa que se promueva en la ciudad, independientemente de los argumentos.
Y así crecimos: sin planificación urbana, sin centro de convenciones, sin referentes sociales colectivos, pero principalmente sin éxitos que nos hagan sentir orgullosos como sociedad. Sin identidad. Sin un sentido de pertenencia.
Por eso esta Fiesta del Chocolate, rememorando viejas ediciones que se realizaban en el marco de la Fiesta Nacional de la Nieve, auguran un buen horizonte.
Tal vez la crisis y el volcán fueron las generadoras de este fenómeno: a todos nos cayeron cenizas y por fin todos sentimos el mismo sentimiento, pero un sentimiento negativo, de que tocamos fondo y que si no es en forma conjunta, no se sale de este poso.
Y los Chocolateros de nuestra ciudad dieron esa primera señal. Era vox populi – seguro ninguno de nosotros tenemos como comprobarlo, pero se decía por allí- de que en Bariloche los empresarios del sector en cuestión no se ponían de acuerdo desde hace muchos años y que hasta algunos ni se hablaban.
Pero cierto o no, las Pascuas de 2012 quedarán en la memoria de propios y extraños, como el otoño en que se realizó una de las mejores celebraciones que nuestra ciudad recuerde, tal vez superando a la famosa Fiesta de la Nieve del año 2000 que la mayoría realza.
Los empresarios del chocolate se unieron, trabajaron y aportaron para que se lleve adelante. Sus referentes y responsables estuvieron en la calle, en el Centro Cívico, con el huevo gigante, con la barra de 100 metros y con la gente. Sólo por citar algunos: Diego Ferrari (Frantom), Luis Brogger (Tante Frida), Leticia Fenoglio (Rapa Nui), la familia Secco (Del Turista) y el resto de los propietarios de las firmas se comprometieron con este desafío y se los vio trabajando en consonancia.
Desde ya, que impulsados por un gobierno Provincial y Municipal que pusieron lo que había que poner: dinero y compromiso. Algo que también hay que destacar en la realización de semejante evento.
Pero lo importante es lo que se hizo: el esfuerzo, las ganas y el resultado. Seguramente a partir de hoy se escucharán voces críticas, porque sabelotodos y poco colaboradores hay miles (lamentablemente) en Bariloche. Pero lo importante es esa señal.
Esa señal que dieron quienes siempre tuvieron que darlas, los que pueden cambiar las cosas, la realidad. Y esa señal que dio el pueblo de Bariloche, trabajando a destajo para recibir a la gran cantidad de turistas que nos visitaron en Semana Santa y quienes a pesar de las inclemencias del tiempo, “bajaron” al centro y acompañaron las actividades en forma masiva.
Por eso y ojalá que se repitan gestos como los vistos en estas Pascuas. Bariloche los necesita.
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