Un proyectil dañó la arteria femoral de la víctima. Tenía 63 años. Fue atacado en la casa de su hija.
El subcomisario Miguel Ángel Relmo informó que el hecho ocurrió minutos antes de las 21.30 del domingo en las 120 Viviendas. Indicó que en interior del domicilio estaba la hija, con los dos nenes, y la pareja. Pereyra había llegado minutos antes.
De pronto, apareció en la calle una camioneta de la que descendió un grupo de jóvenes. Uno de ellos ingresó a la casa y disparó tres veces contra Pereyra. El agresor fue identificado como el cuñado de la hija de la víctima.
Tras atacar al hombre, los sujetos salieron corriendo del domicilio, se subieron a la camioneta y huyeron. Vecinos del lugar contaron ayer a "Río Negro" que sólo escucharon los disparos. Luego, no oyeron gritos.
Tampoco nadie salió a la calle a pedir ayuda. Todo indica que una vecina que observó la escena avisó alrededor de las 21.40 al 911 de la Policía provincial. Minutos después, efectivos de la Comisaría Segunda arribaron al lugar indicado y encontraron al hombre herido con una importante pérdida de sangre.
De inmediato pidieron una ambulancia que después lo trasladó hasta el hospital zonal. Vecinos salieron a la calle Asunción a ver qué había pasado, mientras empleados policiales restringían la zona próxima a la vivienda.
El director del hospital, Víctor Parodi, informó que el hombre ingresó con "graves heridas de arma de fuego en una situación desesperante".
Señaló que un proyectil afectó la arteria femoral lo que causó "un shock gravísimo que no pudo aguantar".
El subcomisario dijo que el motivo de la agresión fue un supuesto conflicto familiar y que la víctima tenía 63 años. Sostuvo que el autor de los disparos está identificado, aunque se encuentra prófugo. Ayer por la tarde se hizo un allanamiento que ordenó el juez penal de feria Martín Lozada, con resultado negativo.
Cuando ocurrió el ataque, los dos hijos de la mujer estaban en el interior de la vivienda, aunque resultaron ilesos. Tampoco la joven que está embarazada fue lesionada. Ayer, al mediodía la casa 93 estaba vacía. Las cortinas de las ventanas que dan a la calle estaban todas cerradas. En el barrio había tranquilidad. Algunos vecinos lamentaban la tragedia y destacaban que la víctima siempre estaba pendiente de lo que lo pasaba a su hija.
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