Los sanrafaelinos siguen padeciendo tediosas demoras cada vez que pretenden cobrar un cheque por ventanilla, por ejemplo, o realizar otra gestión que demande atención personalizada en los bancos, especialmente en el Nación. Mientras se ha multiplicado el número de clientes en 12 años, la cantidad de empleados apenas aumentó.
No obstante, en San Rafael siguen generándose largas colas y tediosas demoras cada vez que algún usuario del servicio pretende cobrar un cheque por ventanilla, por ejemplo, o realizar otra gestión que demande atención personalizada. El tiempo de espera, en el mejor de los casos, es de 30 ó 45 minutos, aunque la mayoría de las veces puede superar una hora.
Además, en el caso de quienes deben abonar impuestos y servicios o pagar sellados para realizar trámites, se agrega la molestia de que la pérdida de tiempo obedece a la decisión de cumplir obligaciones que impone el Estado sin hacer nada para facilitar su cumplimiento.
El caso emblemático, aunque no el único, de esa situación es la sucursal del Banco de la Nación Argentina, de Yrigoyen entre Avellaneda y Almafuerte, la entidad de mayor envergadura del departamento por cantidad de operaciones diarias y volumen de dinero en giro.
Un cálculo estimativo arroja que por allí pasan entre 1.500 y 2 mil personas por día, de acuerdo a la fecha y la concentración de vencimientos. No todos hacen cola ante las ventanillas habilitadas, que no siempre coinciden con las disponibles ya que hay pocos cajeros para atenderlas.
La cantidad de gente incluye a quienes acuden a los cajeros a retirar dinero y a los que realizan otras operaciones, como pagos por distintos conceptos, depósitos y canje de valores, transferencias y, cada vez menos, operaciones en moneda extranjera. Para atender todo ese movimiento cuenta con menos de 100 personas, de las cuales suelen acudir a diario a trabajar entre 60 y 75 por distintas razones. Además, la edad promedio de quienes allí trabajan supera los 50 años, y los que se jubilan no siempre son reemplazados.
La "modernidad" aún no llega a los trámites bancarios en el sur mendocino, comparado con lo que sucede en el resto del país. Cada vez que llega la fecha del pago de sueldos a estatales o hay un fin de semana largo con una afluencia de gente mayor a la habitual, los cajeros automáticos se quedan sin efectivo y, por disposición del Banco Central, no pueden ser reabastecidos hasta el primer día hábil siguiente. Lo único que pueden hacer los responsables de la entidad es vigilar que las máquinas no se queden sin papel para emitir comprobantes, cosa que también ocurre.
Gente y máquinas
Para entender mejor lo que pasa, basta repasar cómo ha evolucionado la relación entre gente y máquinas en el sistema financiero argentino entre 2001 y 2012. Mientras que en 2001 (el año previo a la crisis) el sistema financiero disponía de 5.200 cajeros automáticos en todo el país, a marzo de 2012 la cantidad era 3 veces mayor: 15.054 cajeros automáticos (1.777 por encima de los 13.277 que existían en marzo de 2011). En el mismo lapso, la cantidad de empleados bancarios apenas aumentó, pasando de 100.500, en 2001, a 103.141 en 2012 (2.650 se sumaron en el último año). También creció la cantidad de sucursales, llegando a 4.193 en 2012 (a marzo de 2011 sumaban 4.078), aunque todavía se encuentran por debajo de las 4.224 que existían en 2001 antes que se desatara la crisis.
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