Por: Francisco Olivera.Si Cristina Kirchner se levantara un día con la idea de dejar de subsidiar la luz y el gas que pagan, por ejemplo, vecinos de Barrio Parque como Susana Giménez, Paolo Rocca o Claudio Cirigliano, esos fondos podrían destinarse a actividades impensadas.
Es la discusión que viene. Y que ilusiona, en la voltereta imaginaria, a distribuidoras que reclaman tarifas. ¿Habrá aumentos?, le preguntó La Nacion a Julio De Vido hace un mes en Tecnópolis. "No -contestó-. Vengo de México, donde los subsidios son de 100.000 millones [pesos mexicanos], y vamos a seguir así. Puede haber ajustes, pero el modelo es éste."
El panorama se ha complicado un poco aquí. La Argentina tiene, si se contrasta con la demanda, menos oferta que en 2003 en petróleo, gas, electricidad y combustibles. Desde hace dos años, la falta de nafta y gasoil es estructural en varias provincias. En números absolutos, habrá este año nuevas caídas en producción de crudo (se desploma desde 1998) y de gas (desde 2004).
El planteo importa porque el hierro caliente parece vacante tras el virtual retiro de De Vido de la gestión diaria. Hace tiempo que el arquitecto se aboca a menesteres más propios de un ministro del Interior: relación con sindicatos, empresarios, gobernadores o intendentes. Será la Presidenta, entonces, quien decidirá si la energía cae en nuevas manos o sigue en las de Roberto Baratta, un subsecretario que llegó al poder de modo azaroso, casi sin saber cómo funcionaba una lamparita, y se ganó el lugar de conductor de operaciones.
Habrá que reconocerle visión. Durante la campaña de 2003, Baratta abordó por primera vez a Néstor Kirchner en un bar frente a la plaza Vicente López y le pidió sumarse al proyecto. Y allí se quedó hasta hoy, lejos del conocimiento de Benjamin Franklin pero con tesón, desoyendo en el camino voces de ingenieros y de empresarios que lo subestimaban y hasta convertirse, a los 38 años, el hombre más temido por el sector privado en el ministerio. Puede maltratar a un geólogo, alentar con una palmada a un ejecutivo que lo visita con timidez o cortar con un "está bien, pero..." la esmerada presentación de un gerente general. Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de Luján y con un MBA en Dirección y Organización de Empresas en la Facultad de Ingeniería de la UBA, Baratta armó en estos años un equipo que le rinde lealtad y que se expandió a otras áreas.
El mejor ejemplo es un asesor de su misma edad, Walter Rodolfo Fagyas, con quien coincidió en la Universidad de Luján. En realidad, si es por lo publicado en el Boletín Oficial, Fagyas tiene casi el patriotismo del sargento Cabral: trabaja ad honorem desde el 5 de noviembre de 2004 como "Coordinador de Grupo de Trabajo" en la subsecretaría de Baratta. Pero allí explican que recibe honorarios como asesor. Lo de su hermana en el ENRE es bastante más directo: Ivana Laura Fagyas, ingeniera y menor que él, es contratada del organismo regulador.
Otro ingeniero es Fabián Ezequiel García Ramón, de 33 años y graduado de la UTN, que sí tiene cargo: director de Promoción de Energías Renovables y Eficiencia Energética. Es de San Nicolás y, por fuera de la función, abrió en mayo de 2010 Andergar SA, consultora de empresas en administración e ingeniería de sistemas. La parte financiera de la generación sub 40 corresponde en cambio a Damián Camacho, contador de la Universidad de La Plata. Con un posgrado en Mercado de Capitales, trabajo no le falta: además de asesor del ministerio, es vicepresidente 2° del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y uno de los tres directores estatales en Siderar.
Ninguno de ellos tiene el lustre de Silvestre Hernán Bisquert, asesor de la cartera y contador que se recibió en la UBA con mención cum laude. Trabajó para el grupo Emepa, del concesionario de la Hidrovía Gabriel Romero, y es además director del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses y de Pampa Energía por el Estado. Dedicado a la parte eléctrica y mejor calificado que sus pares por el sector, Bisquert resulta también más amable que el resto, al igual que Fagyas. No es casual su mensaje público de Facebook: "El amor todo lo puede..., incluso acercar los sentimientos más extraños y disímiles... ¡El amor es una sonrisa en el momento justo!" Una reconfortante bienvenida a cibernautas que sólo aplacaría un apagón de Edenor o de Edesur.






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