Por Alcadio OñaCada tanto, ahora mismo, se pone sobre la mesa la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central. El punto es si su “misión primaria y fundamental” debe seguir siendo “preservar el valor de la moneda”, o sea, el control de la inflación. O si tiene que acomodarse a la política económica del Gobierno.
Según se verá, eso que parece un debate entre autonomía amplia o independencia relativa resulta, desde hace tiempo, una cuestión que aquí ha perdido toda relevancia. El BCRA está cada vez más subordinado a los objetivos del poder político .
Por diversos medios, el kirchnerismo reformó la Carta Orgánica al compás de sus planes. Cuando se usaron las reservas para pagar la deuda con el FMI y cuando empezaron a ser destinadas a saldar vencimientos con el BID y el Banco Mundial. Lo mismo pasó con la ampliación de los fondos que el Central gira al Tesoro Nacional, bajo la forma de adelantos transitorios.
Todo esto fue remachado sin vueltas , en los tiempos en que el oficialismo dominaba ambas cámaras del Congreso.
Algo semejante ocurre con la transferencia de utilidades del BCRA al Estado, legal, porque pertenecen al Estado. El caso es que se trata de ganancias contables, formales y no realizadas, o más todavía: han tomado la forma de una montaña de pesos creciente, una cuenta que en 2010 equivaldrá a US$ 5.000 millones.
La última noticia, este año, fue el decreto de necesidad y urgencia que liberó reservas por US$ 4.382 millones para afrontar obligaciones con acreedores privados . El mismo procedimiento pretende aplicarse en 2011, según consta en el proyecto de Presupuesto: sólo que ahora son US$ 7.504 millones.
Muy pocos pueden cuestionar que el Banco Central vaya acoplado a la política económica oficial, aunque reservándose el manejo de sus propias herramientas. Otra cosa es que haya devenido, llanamente, en un instrumento al servicio de los objetivos del poder. Por donde se mire, la discusión sobre la autonomía perdió todo sentido .
Sólo entre 2006 y 2010 la entidad financió al Tesoro Nacional por US$ 35.770 millones y le aportaría 15.730 millones durante 2011: nada menos que 51.500 millones de dólares en apenas cinco años . Los números salen de un trabajo sobre el papel del Banco Central en la era K, elaborado por la consultora LCG que dirige el ex ministro Martín Lousteau.
En esa suma entran las reservas, los adelantos transitorios y las utilidades del Central. Que el kirchnerismo mueve al ritmo de sus necesidades.
Con el DNU de este año saltó un debate en el que el Gobierno hizo jugar varios argumentos, en principio atendibles. Entre otros, que no se comprometía el stock de reservas necesario para enfrentar cualquier contingencia y que salir a tomar deuda en el mercado internacional implicaba un alto costo en tasas de interés.
Existía un dato adicional nunca dicho: el Gobierno tenía completamente cerrado el crédito externo.
Pero el más importante, tampoco explicitado, fue que, entre esta vía y las otras, liberaba cuantiosos recursos fiscales. O, más precisamente, que el combo completo resulta funcional al objetivo permanente de aumentar fuerte el gasto público . Las reservas destinadas a cubrir obligaciones con el FMI y los acreedores privados representan una enorme deuda del Tesoro con el Central, por más que pague un interés ínfimo. Es una obligación que caerá sobre los gobiernos futuros.
La otra fuente poderosa que el kirchnerismo emplea a todo vapor para financiar gasto público se llama ANSeS. Según cálculos del diputado Claudio Lozano, de Proyecto Sur, desde 2009 para acá se tomaron $ 36.000 millones del fondo que garantiza la sustentabilidad del sistema previsional. O sea, de allí donde debiera estar asegurado el pago de las jubilaciones. Y va por más en 2011.
El término sustentabilidad aparece, también, en la polémica que levantó la ley del 82 % móvil. Fue agitado por el Gobierno, de una punta a la otra, con la intención de invalidar los argumentos del arco opositor. Lo que no dijo es que quiere seguir administrando a su gusto y sin limitaciones la enorme caja de la seguridad social: por un motivo u otro, hubo veto presidencial.
Así, la ANSeS y el Banco Central se han convertido en grandes prestamistas del Estado . Contar con semejantes herramientas le permite a Amado Boudou alardear con que no necesitan salir al mercado de crédito, aunque si en algún momento asoma la decisión será, seguro, para bombear gasto del Estado.
Tanto dinero en danza remite a una regla que Néstor Kirchner maneja como pocos y hace mucho tiempo: plata equivale a acumulación de poder . Por eso, casi como una obsesión, todos los días controla las cuentas con el secretario de Hacienda y el jefe de la AFIP.
El gasto público opera en el mismo sentido. No sólo sirve para fogonear la actividad económica: en el cómo se lo distribuye, adónde va en grande y dónde se lo retacea, también entra de lleno la política. Nada casual es, entonces, la dependencia de los gobernadores de la caja central .
Poco importa, finalmente, la reforma a la Carta Orgánica del BCRA. Y menos cuando la mayoría del directorio de la entidad tiene un nítido sello K. Es un cuerpo dispuesto a convalidar todo lo que Olivos mande : tal como sucederá- por lo menos hasta finales del año próximo.




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