Dos jóvenes tuvieron que ser atendidos en el hospital Lucio Molas por sufrir heridas de armas de fuego. Uno se disparó accidentalmente en la boca, el otro fue baleado en la cabeza.
Según la versión de una amiga del chico hospitalizado, una motocicleta pasó por la calle y uno de sus ocupantes efectuó un disparo. SIn embargo, tras entrevistarse con los médicos del hospital, los investigadores determinaron que el chico se había autoagredido accidentalmente. Posteriormente indagaron al menor, quien según las autoridades policiales, admitió que estando dentro de su casa, tenía una pistola entre las manos, que se la metió en la boca y que se le escapó un disparo que le perforó la mejilla derecha.
Tras las curaciones, el adolescente volvió a su casa, situada en la intersección donde ocurrió el episodio. La policía no pudo recuperar el arma.
Padín.
El segundo episodio también tuvo características tragi-cómicas. Comenzó con un llamado al 101 por parte de un vecino del Fonavi 42, quien dijo que se escuchaban disparos de arma de fuego en la calle Emilio Zola, en cercanías de la intersección con Silva. Fue a las 8.05 de la mañana, y la respuesta de los uniformados de al Seccional Sexta fue casi inmediata. Pero al llegar, el patrullero no encontró ninguna persona sospechosa. Sin embargo, a pocas cuadras del lugar, interceptaron a un motociclista terriblemente golpeado, en aparente estado de ebriedad y que sangraba de su cabeza.
El muchacho circulaba sin pasajeros, y al ser interrogado por los agentes, dijo "que lo golpearon con un fierro ". Si bien quería irse a su casa sin ser atendido médicamente, los uniformados solicitaron una ambulancia del SEM, pero según las fuentes, no había ninguna disponible, ya que todavía estaban en el accidente de la ruta 35 (ver página 12). Por lo tanto, el malherido continuó su marcha a bordo de su moto, dejando un reguero de sangre detrás suyo.
Cerca del mediodía, desde el puesto policial del hospital Lucio Molas avisaron al Comando Radioeléctrico que había ingresado a la Guardia un joven con una herida de arma de fuego en la cabeza, pero que había asegurado a los médicos que "se había caído de la moto". Los oficiales llegaron y descubrieron que era el motociclista ensangrentado, de apellido Padín y de 25 años, quien pese a que estaba en terapia intensiva y con un plomo dentro de su cabeza, fue interrogado. El muchacho pudo hablar y reconoció que había sido baleado, pero se negó a dar precisiones de la agresión.
Esquirla de rebote.
Durante su internación los médicos le realizaron una tomografía, mediante la cual pudieron constatar que tenía una esquirla de plomo incrustada entre el cuero cabelludo y el cráneo. "Suponemos que la bala no lo impactó directamente, sino que más bien fue un rebote", comunicó una autoridad de la Unidad Regional, quien también informó que el muchacho fue dado de alta en horas de la noche. Desde la Sexta se comenzó una investigación de oficio, pero por el momento los agentes desconocen dónde fue el ataque y quién fue el agresor.
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