Por: Hernán de Goñi.Cuando en los mercados se habla de pánico, el comportamiento que muestran los inversores se asemeja a un sincericidio bursátil.
Ayer la escena financiera mostró un virulento lunes negro. Pese al compromiso simultáneo que asumieron el Banco Central Europeo y los ministros de Finanzas del G-7, los mercados desataron una ola de ventas que promete seguir. La pregunta es: ¿que deberían hacer los gobiernos para frenar esta racha, si la palabra del poder financiero ya no hace efecto?
Hoy los inversores reclaman gestos de austeridad fiscal que los políticos no quieren convalidar. Y buscan hacerle saber a los más renuentes a ajustarse que el plan deuda para todos dejó de ser una opción.
El gobierno argentino percibe que la economía local todavía está en el lado soleado de la Tierra. Y confía en que los ajustados recursos que administra le alcanzarán para repetir las recetas de 2009. Debería meditar que cuando el mundo se inunda de desconfianza, los gestos valorados son los que proponen diferenciación. Nunca menos
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