BALANCE DE MACRI

Mauricio Macri inició su cuatrienio final como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con más interrogantes que certezas.
Pesa mucho su voluntad de ser presidente de la nación dentro de cuatro años, pero en los próximos 48 meses la ciudad capital requerirá de una dedicación estratégica, un liderazgo político y una eficiencia administrativa muy superiores a lo que exhibió desde 2007 hasta hoy. Dos asuntos precisamente políticos marcan un aspecto central del primer mandato de Macri: obligó a su vicejefa de Gobierno, elegida junto a él en las elecciones del 24 de junio de 2007, a renunciar al cargo el 20 de abril de 2009. La fórmula Macri-Michetti había cosechado más de un millón de votos en las elecciones, o sea el 61% de los votos de los porteños. Además, renunció a la candidatura presidencial recién el 6 de mayo, a cinco meses de los comicios. Estos dos rasgos parecerían insinuar que Macri prioriza su agenda nacional como el objetivo más acuciante y prioritario de su proyecto personal. Pero, ¿cómo fue este primer mandato de Macri?

Las escuelas en emergencia edilicia representan hoy el 10% del total, contra 75% en 2007. Asegura haber completado 14 escuelas nuevas y 16 grandes ampliaciones que significan 3.300 vacantes, y anuncia estar construyendo 46 escuelas con capacidad para 15.000 vacantes. Todas las escuelas públicas de la Ciudad están calefaccionadas y tienen conexión a Internet, afirma. El salario docente aumentó, dice Macri, en promedio dos veces y medio desde 2007, mientras que el presupuesto de becas se incrementó seis veces. Según el secretario general del Gobierno, Marcos Peña, en 2011 casi 70.000 alumnos fueron becados (30% más que en 2007), con montos por beca por lo menos tres veces superiores a los que se otorgaban al inicio de este gobierno. La gestión macrista se enorgullece de que la tasa de mortalidad infantil es hoy la más baja de la historia de la Ciudad, concursó directores de hospitales y nombró 10.000 profesionales y médicos. El SAME dispone de 25 nuevas ambulancias, una nueva sede central y nuevo helicóptero. Macri fundó la Policía Metropolitana, que opera por ahora solo en dos comunas, la nº 12 (Saavedra, Coghlan, Villa Urquiza y Villa Pueyrredón) y la nº 15 (Chacarita, Paternal, Villa Ortúzar, Villa Crespo, Parque Chas y Agronomía), y al finalizar el año estaba abarcando también a la nº 4 (Boca, Barracas, Parque Patricios, Pompeya). Cuenta con 2.247 oficiales y 75 patrulleros.

Puso en vigencia ocho vías preferenciales y tres contracarriles en avenidas importantes, concluyó cinco pasos bajo nivel nuevos y hay cuatro en obra. Inauguró el primer Metrobus porteño y puso en funcionamiento 53 km. de ciclovías con alquiler gratuito de bicicletas públicas, con 14 estaciones. Terminó con todo éxito las demoradas y polémicas obras de restauración y puesta en valor del Teatro Colon. Inauguró el anfiteatro Parque Centenario y las nuevas sedes del Museo de Arte Moderno y de la Usina de la Música. Su logro mayor en gran infraestructura es la terminación de los túneles, corto y largo, aliviadores del soterrado arroyo Maldonado. Abrió 21 nuevos centros de primera infancia para casi 2.000 chicos y duplicó el número de vacantes en hogares y paradores para personas “en situación de calle” (unas 1.700). Urbanizó una primera villa, la ex villa 19 hoy conocida como barrio INTA, hizo obras en Piletones y en las villas 1-11-14, 20 y 31, entre otras. Asegura haber entregado en los primeros tres años de su gobierno 3200 casas incluyendo créditos individuales y cooperativas, y estar construyendo 2.240 más.

Sin embargo, tras cuatro años de gobierno, la gestión de Mauricio Macro exhibe zonas grises y fracasos evidentes. Como una mera ojeada a lo visible y sin que el orden de lo que aquí se describe implique un ranking de importancia, en la ciudad de Buenos Aires se patentizan bochornos urbanos y situaciones completamente inaceptables. Un muestrario de ellas:

La ciudad exhibe el lamentable espectáculo de centenares de cabinas de telefonía pública y pantallas publicitarias completamente destruidas, inutilizadas y mugrientas, convertidas en chozas. Las sendas peatonales están en deficiente y a menudo completo estado de abandono, despintadas o inexistentes. Lo mismo sucede con la demarcación en amarillo de los cordones junto a los cuales no se puede estacionar. Las grúas de STO y SEC son implacables y veloces cobradoras de multas por sanciones de mal estacionamiento, pero la gran mayoría de los lugares prohibidos directamente carecen de señalización fehaciente.

Es aun mucho peor el caso del mobiliario urbano, tal vez el mayor y peor fracaso urbanístico de Macri. Buenos Aires, literalmente desprovista de señalética callejera, es una ciudad condenada al anonimato o a la confusión. Macri no pudo o no supo concretar la modernización y racionalización de nomenclatura callejera, refugios, paradas y pantallas, todas en estado ruinoso. Pese a los anuncios de protección de plazas y parques, estos espacios verdes siguen mayormente sin vigilancia, enrejados, pero con las puertas abiertas las 24 horas, sin cuidadores que efectivamente las protejan del vandalismo y la marginalidad. Similar fracaso se advierte en un tema central, la recolección de residuos, cuyo saldo es negativo: la ciudad está hoy tanto o más sucia que en 2007. Millares de cartoneros la patrullan de día y de noche, y el servicio de recolección pagado por la ciudad es funcionalmente deficiente, estructuralmente antiguo, técnicamente primitivo y en definitiva muy pobre respecto de lo que cuesta. Tierra de nadie, la ciudad de Buenos Aires padece una ocupación de hecho por grandes recolectores privados que explotan a indigentes, mientras que los porteños siguen exhibiendo, por su parte, conductas egoístas, contaminantes y abiertamente antisociales con sus propios residuos.

Una foto de la desidia: aunque Buenos Aires dejó de ser Municipalidad en 1996, la mayor parte de los símbolos identificatorios de espacios públicos, hospitales y escuelas siguen exhibiendo el viejo escudo de la Muni, ¡quince años después! Otra expresión de fracaso: siete años después de la tragedia de Cromagnon, la calle donde funcionaba ese tugurio donde perdieron su vida 192 personas, sigue absurda e incomprensiblemente cerrada. Macri no se animó a desatar ese nudo psicótico de una urbe habituada a la sinrazón.

Hay mucho por hacer en Buenos Aires, pero las aspiraciones presidenciales de Macri, que sin embargo tuvo logros muy evidentes y positivos desde 2007, abre expectativas. ¿Se dedicará en alma y vida a mejorar y hacer más vivible a la hoy hostil, ruidosa, sucia y caótica Buenos Aires, ó el deseo de cruzar la Plaza rumbo a la Casa Rosada le insumirá todas sus energías?

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