El disparo fue realizado a más de 70 centímetros• La bala calibre 38 hizo un recorrido de adelante hacia atrás, de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba, este último dato tomando como referencia la posición del cráneo de una persona de pie.
• La víctima estaba acostada, con las piernas cruzadas y no atinó a defenderse.
• El victimario estaba parado a los pies de la cama, a la derecha de la víctima (si se toma como referencia el campo visual del portador del arma).
Según los expertos del Ministerio Público de Salta, ese era el escenario dentro de la habitación de la chacra 194 de Paso Córdoba cuando Susana Freydoz terminó de un tiro con la vida de Carlos Soria.
Cristóbal Heredia, director de Medicina Legal, y Roberto Washington González, jefe de departamento en el Cuerpo de Investigaciones Fiscales de la provincia del norte, fueron los encargados de describir ayer las pericias realizadas para determinar desde qué lugar partió la bala que mató al gobernador en la madrugada del 1 de enero.
El médico legista y el licenciado en criminalística fueron coincidentes. Después de 30 disparos de prueba sobre papel y piel de cerdo, luego de probar uno de los proyectiles que tenía cargado el propio revólver Smith & Wesson que tomó Freydoz, y observando los resultados de una reproducción de la escena lograda con un programa Vista FX, entre otros estudios, el equipo profesional salteño elaboró tres dictámenes en los que se estableció que la agresión contra Soria fue concretada "a distancia".
Heredia fue el primero en declarar ayer y explicó que esa conclusión surgió en principio por la ausencia -en la herida- de los típicos indicios que dejan los disparos efectuados a quemarropa (herida de contacto) o a "distancia intermedia".
Para el primer caso dijo que debería haber quedado una marca, evidencias de quemadura y otras sustancias en la piel, que no fueron detectadas. En tanto, la existencia de un disparo a distancia intermedia se comprobaría con la presencia de un "tatuaje", partículas de pólvora que quedan impregnadas en la piel, algo que tampoco apareció en las pericias.
"En este caso, de un disparo a distancia, el proyectil impacta sobre la piel, que debajo tiene un hueso que se astilla y provoca una herida estrellada", sostuvo el médico.
La declaración de Heredia fue tensa durante varios pasajes, a partir de las preguntas formuladas por el defensor de Freydoz, Alberto Riccheri. El abogado insistió en conocer detalles sobre el lavado de la herida que presentaba por Soria durante la autopsia, afirmando que se aplicó agua a presión en tres oportunidades y se limpió en otras 27 "refregando" con papel de cocina.
"Es una lluvia, pero no con presión", "la maniobra es secado, no raspado" y no hubo contacto de dedos con la herida", fueron las distintas réplicas de Heredia, quien defendió el trabajo de los médicos roquenses que hicieron la autopsia y afirmó que "el lavado destruye los bordes de la herida y acá están intactos".
Otro contrapunto con el defensor se produjo cuando se consultó si la muerte por asfixia tiene las mismas características que las observadas en un caso de herida de arma de fuego.
Fue allí cuando el profesional salteño opinó que en el caso de Soria no había dudas de que la muerte fue "por la herida cerebral".
Los estudios de balística fueron el eje de la exposición de González, quien detalló que el revólver funcionaba en forma correcta, con un mecanismo de simple o doble acción de disparo y una celosidad (fuerza necesaria para apretar el gatillo) de 1,300 kg, es decir unos 300 gramos menos del parámetro establecido para considerar "celosa" a un arma.
El perito describió que para calcular la distancia se realizó previamente un estudio anatomopatológico sobre las muestras de piel enviadas a Salta, con secado, tratamiento con parafina y tinción (coloración) para detectar partículas de disparo, análisis que concluyó con resultado negativo. También se hizo un barrido electrónico, que permite aumentar en un millón de veces el campo observado.
"La experiencia fue muy objetiva", afirmó González antes de mencionar que contaron con el arma utilizada, sus proyectiles, sus vainas y otras municiones de calibre 38 y en todas las experiencias obtuvieron el mismo resultado: un disparo hecho a más de 70 centímetros.
El experto indicó que por las características del arma sólo hizo falta que Freydoz apuntara al cuerpo de Soria para alcanzarlo con el disparo, aunque también consideró que pudo ser azaroso el impacto en el rostro. Lo que dejó en claro es que el revólver pudo haberse movido hacia arriba o abajo al gatillar, pero nunca hacia el costado.
Ante una consulta del defensor, el perito aseguró que cualquier movimiento que pueda haber registrado el cuerpo de Soria en el momento de ser asistido no implicaría una modificación sustancial en las conclusiones, ya que las diferencias serían de escasos centímetros. En este sentido, también confirmó que el disparo mismo pudo haber movido la cabeza de la víctima hacia la derecha, por la velocidad y el stopping power (poder de detención) de las balas calibre 38. Sólo admitió que las conclusiones hubieran sido distintas si se valoraba desde el inicio otra posición original de la víctima.
Sobre el proyectil también hubo detalles minuciosos. Ambos expertos indicaron que quedó alojado en el cráneo por su composición de plomo, que se deforma en el recorrido y va perdiendo velocidad, a diferencia de proyectiles encamisados, como los 9 milímetros.


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