Un circunspecto Iglesias fue el último en llegar y el primero en irse. Santarelli, de estilo campechano, fue más que puntual. Para Rosales lo importante fue la verborragia. Pérez se apartó y prefirió aguardar el debate en el jardín del canal.
El debate estaba previsto para las 20, sin embargo el postulante del Frente Amplio Progresista, Oscar Santarelli, fue mucho más que puntual: llegó casi una hora antes de lo pactado. "No es sólo para dar una buena impresión", dijo, "es una obligación", remató. Por lejos fue el más "socialista" de todos y repartió elogios y concordia para sus contrincantes en un estilo campechano. En los cortes sólo recibió instrucciones de uno de sus hijos. Austeridad, corrección y simplicidad.
Luego llegó Francisco Paco Pérez, del Frente para la Victoria, acompañado por su vice Carlos Ciurca y escoltado por un séquito de colaboradores. Se apartó de los demás y prefirió aguardar la hora del programa especial en los jardines del canal. Durante el debate Paco resultó ser simpático con todos, no buscó en ningún momento polemizar con Iglesias y durante los cortes publicitarios bromeó con los spots del "Gordo" Miranda (el intendente de Las Heras que busca la reelección), como lo llamaba él. Austeridad, corrección y timidez.
Luis Rosales, del Partido Demócrata, fue el tercero en llegar a la cita y comparado con los demás fue el más efusivo y verborrágico, quizás mitad por su forma de ser, mitad por ser soldado de mil batallas mediáticas. Por un momento se contagió del mutis per il foro de sus adversarios durante las tandas pero terminó repartiendo sonrisas y escuetos comentarios. Eso sí: sólo cuando fue necesario. Se preguntó por el varietal de su vino. Austeridad, corrección y desenvolvimiento.
Casi como un torbellino arribó el radical Roberto Iglesias al compromiso. Con tiempo pero casi sobre la hora, se lo vio llegar muy serio y seguro. Ya en el debate, en los primeros cortes solamente miraba el monitor y observaba atentamente el arsenal propagandístico de su partido y de sus contrincantes. Sobre el final le confirió una gracia a la mesa que le fue debidamente complacida. Después se retiró como había venido: raudamente. Austeridad, corrección y diligencia.
Digitando a los candidatos
Antes del debate, mientras los rostros se preparaban en una sesión de maquillaje, los cuatro postulantes a gobernar Mendoza contestaron una serie de preguntas que elaboró pormenorizadamente diariouno.com.ar. En él se destacaba algunas cuestiones por muchos desconocida de todos ellos.
Salvo Rosales, a todos les gustan las morochas (o trigueñas como intentó engañar Santarelli); el socialista fue el invitado más cotizado a la hora de un eventual festejo de cumpleaños (aunque ante la repregunta Paco terminó decidiéndose por el demócrata) y el auto de Iglesias fue el menos codiciado por el resto, tanto por problemas de mecánica o chapería. Una perlita: ante la duda de "Cortá boleta o Ponela toda", el tema urticante por excelencia de la campaña, el radical sorprendió y aconsejó ponerla toda.

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