Dos azuleñas quieren casarse por civil y están esperando a que les den una fecha

Dos azuleñas quieren casarse por civil y están esperando a que les den una fecha
Hace años que son una pareja. Ahora quieren casarse en la Delegación local del Registro Provincial de las Personas. De concretarse esa unión, sería uno de los primeros matrimonios personas del mismo sexo que se realiza en el interior de la provincia de Buenos Aires
Nunca renunciaron una a la otra. Ni cuando sus vidas las llevaron a transitar caminos bien distintos y lejanos, durante veinte años en las que íntimamente ambas siempre supieron que algún día volverían a estar juntas.

Hoy una de ellas tiene 71 años y la otra, 76.

Las dos son azuleñas y están a la espera de poder casarse, después de que hace días presentaran en la Delegación local del Registro Provincial de las Personas el pedido para legalizar esa unión, en sintonía con lo que ya ha ocurrido con otras parejas homosexuales.

Cuentan hasta ahora con el respaldo que significa la media sanción en Diputados de la Nación que ya tiene la ley de matrimonio gay. Y están, como seguramente muchos otros, a la espera de lo que pasará en Senadores, cuando llegue el turno de tratar el proyecto.

María Luisa Veltri, docente jubilada y ex concejal; y Elva Haydée Gratas Abot, escritora y periodista, también jubilada, son las protagonistas de esta historia.

De hacerse realidad lo que tanto desean, se convertirán en la primera pareja homosexual en casarse en Azul. También, serán una de las primeras en hacerlo en el interior de la provincia de Buenos Aires, en el marco de una situación que ya tiene algunas uniones de este tipo legalizadas en la Argentina , pero que así y todo no llega a ser todavía ni siquiera una decena.

Hasta el momento, desde la Delegación Azul del Registro Provincial de las Personas no ha habido una respuesta a dicho pedido de fecha para concretar este casamiento.

Eso provocó que días atrás el abogado que está patrocinando a ambas, el Dr. Jorge Moreno, intimara vía carta a la Directora del Registro Provincial de las Personas, en su sede central de 1 y 60 en La Plata ; aunque la respuesta a esa intimación tampoco ha llegado todavía.

Pero los pasos a seguir por parte de Luisa y Elva ya están definidos. De la misma forma que en La Plata ocurrió con la pareja integrada por Verónica Dessio y Carolina Pérez, que presentaron un amparo en la Justicia ante la negativa al pedido formulado para contraer matrimonio y ya tienen fecha para casarse el próximo día 25 de este mes, las azuleñas tienen pensado transitar por esa vía. Es decir, presentar un amparo ante un juez que las habilite definitivamente a poder darle forma a esa unión legal que tanto desean.

"En cuanto nos den fecha, nos casamos. Y si se niegan, presentaremos un amparo", contó Elva cuando el jueves pasado con María Luisa recibieron a este diario en su casa.

"Todo Azul sabe que somos una pareja. Hace poco le dije a la Directora de Adultos que nos íbamos a casar. Y cuando le conté, me dijo que estaba muy alegre y que estaba ahí para lo que yo necesitara", recordó Luisa sobre lo que están siendo estos días para ellas, ansiosas por poder convertirse en un matrimonio y recibiendo el apoyo y la adhesión de quienes las conocen.

"Queremos decirle a la gente que se ama, como nosotras, que se puede. Esto no es un amor al que se deba renunciar, es un amor que hay que vivirlo para que no le pongan más cadenas. Hay parejas en nuestra situación, muchas de ellas jóvenes. Por ellos también queremos que esto se blanquee y que tengamos igualdad de derechos", agregó Elva.

La ilusión que ambas transmiten desde sus miradas, sus gestos o sus palabras contagia. Puede palparse, con sólo verlas, que las invade la ansiedad que seguramente allá lejos y hace tiempo experimentaban cuando toda esta historia empezaba, épocas mucho más difíciles por cierto y completamente distintas para este amor de mujer y mujer.

Por ese lugar también transita esta entrevista. Y hacia allá las dos se remontan y cuentan cómo empezó todo, cuando se conocieron mientras trabajaban en Fanazul.

Luisa tenía 18 años y Elva 22. A las dos les explotaba desde el cuerpo y el alma esa atracción que había nacido entre ambas. Pero los tiempos no eran como los de ahora. Y ese deseo de dos que se aman finalmente quedaba ahí, como sepultado o postergado. Apenas manifestado con alguna que otra carta o con escapadas furtivas al arroyo, para que nadie supiera sobre aquello que ambas sentían cuando se miraban a los ojos, y desde ese sencillo pero profundo gesto establecían una línea directa que las llevaba a evidenciar lo que les dictaban sus respectivos corazones.

"Somos un matrimonio"

"Nosotras consideramos que somos un matrimonio", cuenta Elva entre un mate que va y viene, mientras el tibio sol de la mañana del jueves empieza a colarse por la ventana que comunica a ese patio poblado de plantas de cítricos y ocupado por una gata que hace poco ha tenido cría con el lugar escenario de esta entrevista.

Pero esta idea de casarse no es de ahora que se ha instalado en la vida de las dos. Por caso, Luisa recuerda que hace cuatro años se le ocurrió ir al Registro Civil a pedir una fecha. "Fui con una prima y dije que quería un turno. Creo que me sacaron volando. Mi prima, como no sabía nada, abría los ojos bien grandes. Me decían que esto no estaba en la Provincia , que en ese entonces no había nada que se pudiera hacer".

Las dos tienen bien claro que quieren casarse en Azul porque esta ciudad fue la que vio nacer esta historia que las tiene como sus principales protagonistas.

Y cuando recuerdan cómo todo esto empezó y lo que pueden conseguir ahora, reconocen que por aquel entonces ni les pasaba por sus mentes la posibilidad de que algún día efectivamente pudieran casarse.

"Por eso es ahora esta alegría que tenemos de poder casarnos en Azul, que se hace evidente a través del apoyo de la gente a la que le vamos diciendo", señala Luisa.

Ella es la misma que años atrás ocupó una banca en el Concejo Deliberante en carácter de edil, en lo que fue su incursión durante algún tiempo por el terreno político desde el Socialismo y formando parte de la Alianza.

"Nosotras nos conocimos hace 54 años, cuando las dos trabajábamos en Fanazul. Yo tenía 22 años y María Luisa 18. Fue una atracción mutua, muy fuerte. Pero la ahogamos ¿Qué otra cosa podíamos hacer en aquel tiempo con nuestro amor y con nuestra sociedad? Ninguna de las dos nos animábamos a decir nada", empieza después a contar Elva sobre cómo fue naciendo todo esto entre ambas.

"Pero había cartas, todos los días", agrega Luisa. Esas cartas, ella las recibía cuando todas las mañanas, bien temprano, llegaba en micro a trabajar a Fanazul. "Siempre había una cartita de Elva hacia mí, muy poética, viste como es ella. Y yo no tenía palabras con qué contestar. Nada que ver la poesía conmigo. Así que la llamaba por teléfono".

Según Elva, "había una atracción muy especial, pero en ese momento ninguna de las dos se animó a dar el paso".

"Lo único que hicimos, dos o tres veces, fue ir hasta el arroyo", relata Luisa. "Y ahí, a escondidas, nos tomábamos de la mano", agrega Elva mientras sus ojos empiezan a brillar encandilados por ese recuerdo.

Transitar una historia así por aquel tiempo no era fácil, por supuesto. "En esa época la sociedad era más cerrada que ahora. Comprensión familiar no íbamos a tener. Yo ni lo hablé con mi familia en ese momento", cuenta ahora Elva.

Para Luisa, directamente el tema ni se tocaba entre sus familiares, unas tías con las que vivía, aunque ahora que lo piensa "estoy segura que si les decía lo que me pasaba ellas me iban a apoyar".

Pero la prueba de fuego para este amor incondicional vino enseguida. "Yo tenía muchos pajaritos en la cabeza y me fui de Azul. Me despedí con mucho dolor de ella y no tuvimos contacto durante veinte años", rememora Elva.

En otra ciudad, la escritora se casó, formó una familia, tuvo tres hijas (una de las cuales, Luz, es la única que sigue viviendo en Azul) y hasta fundó un diario en compañía de quien por aquel entonces era su marido.

"Yo hice mi vida, me casé, tuve una familia. No reniego de esa época, al contrario. Me considero muy privilegiada en la vida, pese a toda la falta económica que he tenido", afirma.

Mientras todo eso pasó, Luisa siguió esperándola durante esos veinte años, tal como seguramente se lo debe haber prometido aquel día en que Elva se fue.

"Yo siempre estuve en Azul esperándola. Siempre estuvo eso en mi mente. En mí estaba implícito, más allá de que no teníamos contacto", cuenta Luisa.

"Hubo un paréntesis de tres años desde mi divorcio al encuentro con María Luisa. Es decir, ninguna de las dos historias se tocan. Pero hay una anécdota: cuando yo tenía 16 años me leyeron las líneas de la mano. Y me dijeron que iba a tener una larga vida y que iba a tener dos destinos. Han pasado sesenta años y puedo dar fe que en ese entonces las líneas de mi mano no mintieron", rememora Elva.

Lo concreto es que ambas volvieron a encontrarse el 6 de junio de 1976 en General Belgrano. Elva, ya separada, vivía allí con sus hijas y su mamá. Y Luisa viajó a verla, luego de que habían empezado a tener otra vez contacto y que ella descubriera en el libro "Testimonios" aquel poema que le había escrito.

"Una tía de Elva me enseñó el libro que ella había escrito y hete aquí que encuentro esa poesía. Ahí casi me desmayé. Y me dije: "Yo la llamo". Por intermedio de otra amiga de acá, que era jefa de teléfonos del Estado en aquella época, me hizo la comunicación y ahí hablamos de que la iba a ir a ver. Y un 6 de junio del año 1976 aparecí en General Belgrano y nunca más nos separamos".

Según Elva, los versos finales de esa poesía definen de manera clara este sentimiento entre ambas: "De mí, para vos; toda mi vida, que cual llama/ permanente y escondida, sabrá dar tibieza a las horas de tus días, /y también darán el fuego, a tu fuego conmovido. /De mí, para vos; toda mi vida".

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