Sin duda, las próximas elecciones en España estarán dominadas, de alguna manera, por las figuras de sus expresidentes. El Popular tendrá un rol activo mientras que el Socialista deberá aceptar un perfil más bajo.
El próximo miércoles (22/09), en París, el expresidentes español y presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), el conservador José María Aznar tendrá un papel principal en el arranque de la campaña del Partido Popular (PP) fuera de las fronteras de España, si bien no opta a ningún cargo público.
En este mitin en la capital francesa, Aznar estará acompañado por el director del PP en el exterior, Alfredo Prada, el secretario general del Partido Popular Europeo (PPE), Antonio López-Istúriz, y un representante de la UMP de Nicolas Sarkozy.
"Hemos querido invitar al presidente de honor del PP a participar en este acto de campaña del partido en el exterior, que esperamos que sea masivo", ha declarado a Europa Press Alfredo Prada, quien ya coincidió con Aznar el pasado mes de diciembre en un encuentro organizado por el PP en Colombia.
En Francia viven más de 150.000 españoles con derecho a voto en las elecciones generales del 20/11, casi la mitad de ellos en la capital. Desde que la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, inauguró en febrero de 2009 la sede del PP en París, el partido se ha volcado en captar el voto de los españoles que residen en este país.
Se prevé que el expresidente del Gobierno también participe en actos de campaña en España, como ya hizo en las elecciones municipales y autonómicas del 22/05. El pasado mes de julio, en la clausura de los cursos de FAES, Aznar ofreció su ayuda a Mariano Rajoy. "Nadie duda ya de que Rajoy va a ser el próximo presidente del Gobierno de España", apostilló.
La decisión del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de adelantar las elecciones ha cambiado los planes iniciales de Rajoy de hacer una gira por Iberoamérica este otoño para captar el voto de los españoles que residen fuera de España.
Si las elecciones se hubieran celebrado en marzo, el Departamento del PP en el exterior había previsto que Rajoy se desplazara a Argentina, donde hay alrededor de 250.000 españoles censados, y Uruguay, con unos 40.000, como ya hizo antes de las elecciones generales de 2008
Algo parecido pero en menor medida ocurrirá con el actual presidente español José Luis Rodríguez Zapatero en la campaña del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). A pesar de que oficialmente sigue siendo el secretario general de los socialistas y por lo tanto su líder -cargo que ejerce de facto el candidato a las elecciones generales, el exvicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba-, tanto él como el partido son conscientes de que su presencia en muchos mítines, cuando su popularidad se encuentra en sus cotas más bajas, restaría posibilidades al PSOE, que ve cómo su principal rival continúa liderando ampliamente en unas encuestas que le otorgan una mayoría absoluta muy cómoda.
Zapatero tendrá una participación meramente testimonial en la campaña de las generales. Estará, según fuentes de la dirección del partido, en “2 o 3” mítines, y siempre en terrenos cómodos para él. Como León, su lugar natal, donde el cabeza de lista será José Antonio Alonso, portavoz socialista en el Congreso y amigo personal desde la infancia del presidente del Gobierno.
Pero más allá de los adversos efectos electorales que una extensa presencia en los actos pudiera traer consigo, el hecho que el jefe del Ejecutivo vea la campaña desde la Moncloa y no desde el campo de batalla tiene toda la lógica desde el punto de vista de la estrategia electoral que ha trazado el PSOE. Primero, es obvio, porque Zapatero no se presenta a la reelección ni a cargo público alguno. Segundo, porque los socialistas pretenden que todo el protagonismo recaiga sobre Rubalcaba.
En momentos en que el partido oficialista se encuentran en uno de sus momentos más débiles ante los ciudadanos, la popularidad del candidato no (o al menos no tanto), y sigue estando mejor valorado que el populista Mariano Rajoy, algo a lo que se acogen los socialistas cada vez que se les pregunta por los sondeos.
Pero más aún se debe a que, uno de los ejes del discurso de Rubalcaba, consiste en tomar distancias con Zapatero.
El martes (13/09), por ejemplo, señaló que él “hubiera hecho antes y más deprisa” la reestructuración del sistema financiero, porque durante un año, continuó, España estuvo instalada en el “nacionalismo bancario”.
Acto seguido matizó sus palabras diciendo que “en retrospectiva”, habiendo comprobado cómo ha transcurrido todo, era sencillo decir algo así, pero declaraciones como esta comienzan a causar desconcierto, y algún malestar, en sectores del partido. El otro día, un importante dirigente dijo que veía “demasiada crítica a Zapatero” en el discurso de Rubalcaba (el candidato formó parte del Ejecutivo hasta hace 3 meses, como Ministro de Interior y en su última época como vicepresidente) y además, continuó, si uno de los pilares de la campaña, la de Rubalcaba y la de Rajoy, consiste en la censura al jefe del Ejecutivo, el líder del PP iba a ganar “la calle” porque lo tenía “mucho más fácil”.
Vale aquí recordar que Rajoy fue primero imbuido como candidato del Partido Popular por Aznar en persona.
Mientras tanto, Zapatero sigue a lo suyo, convencido de que hace lo mejor para el país aunque no sea lo que le conviene a su partido -argumento que esgrimen sus colaboradores para justificar la reciente reforma constitucional-, y haciendo balance de su gestión. Si el martes (13/09) repasó sus relaciones con el Senado, en la propia Cámara alta, ayer (14/09), en el Congreso, en la penúltima sesión de control al Gobierno de esta legislatura, se centró en Cataluña.


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