Ayer, apenas la comunidad se enteró de las condiciones en que vive Norma Delgado junto a sus hijos y nietos, comenzó a enviar apoyo de todo tipo: desde trabajo hasta un terreno.
Norma Mabel Delgado se emocionó, casi hasta las lágrimas, cuando tuvo en sus manos una de las primeras donaciones de la jornada, una cacerola de aluminio, pocas horas después de "tocar fondo" y decidir llamar a los medios de comunicación para recibir ayuda.
--¡Cuánta falta nos hacía! ¡Por Dios! --exclamó, como si se tratase de la vivienda que tanto anhela.
Ayer, pasado el mediodía, varias luces de esperanza comenzaron a encenderse en el hogar de Morel 778, donde la pobreza deja sin aliento.
Fue luego de que, a través de un canal local de televisión, esta mujer curtida y robusta, de 57 años, madre de 12 hijos y abuela de 32 nietos, confesara el dolor que siente al no poder brindarle a su familia lo que necesita.
Dos posibilidades de empleo --como personal de limpieza en un domicilio particular y en una iglesia evangélica--, un terreno, algo de dinero, un andador, frazadas, muñecos de peluche e infinidad de bolsas con ropa y alimentos fueron ayer el resultado de esta campaña casera que decidió emprender cuando, según confió, "ya no daba más".
Agradecida, lloraba y reía a la vez.
Y asentía con la cabeza ante el pedido de ingresar a su mundo: un minúsculo habitáculo de chapa y cartón, piso de tierra y un olor penetrante a gas procedente de la vieja cocina a garrafa. Todo un peligro para los ocho habitantes hacinados que se apilan para vivir, comer, dormir; simplemente, estar.
Porque, más allá de las personas, el lugar no es sino un cúmulo de objetos amontonados: zapatos, computadora, secarropa, floreros, cajas, bolsas, ropero y mesas casi no dejan espacio para lo mucho que, probablemente, seguirá llegando.
"No quiero usurpar; seguiré luchando por una vivienda digna. Agradezco el terreno, pero no tengo cómo empezar a construir", dijo, mientras recordaba que antes de llegar a este lugar toda la familia vivía en un galpón del ferrocarril.
Sin ningún tipo de subsidio ni ayuda social, más allá de las tres garrafas que otorga por invierno el municipio a familias necesitadas, Norma sobrevive como puede y debe hacer frente a situaciones extremas más allá de las carencias.
"Uno de mis hijos es discapacitado, tiene un retraso madurativo. Guadalupe, de 18 años, pesa 34 kilogramos y está amamantando. Mis nietos también tienen problemas, producto de la alimentación que nunca alcanza y de las pestes propias de estos tiempos", relató.
Guadalupe llevaba aferrada a su pecho a Priscila, su beba de siete meses, que también tiene bajo peso.
"¿Por qué adelgacé? Se me cerró el estómago. No me `entra' la comida. Y dicen que estoy anémica", respondió, categórica, mientras rogaba no salir en las fotos porque su estado la avergüenza.
"Guada" dijo que está tomando vitaminas que le dieron en la sala médica. Y que el lunes tiene turno otra vez. Por lo bajo, su madre aclaró: "Está deprimida".
Mientras el sol golpea fuerte en este mediodía de invierno, y el agua hierve a la espera del arroz, que será complementado con huevo y pan, Norma continúa relatando su historia.
"Solemos ir al merendero Movimiento por los Niños. Fue allí cuando la propia encargada me sugirió acudir a los medios. Es duro ver a una hija amamantar sin que ella pueda alimentarse como corresponde", dijo.
Sostuvo que las noches heladas resultan "dolorosas", porque el frío se cuela por cada rincón y la salamandra no da abasto.
"Además, de noche la apagamos por seguridad", contó.
Mientras dos gatos y dos perros paseaban por el comedor (¿comedor?) y se acurrucaban junto al fuego, los más chicos entraban y salían aprovechando el clima no tan riguroso de ayer.
Luis se concentraba frente al televisor. Norma le advirtió: "Mirá que esta noche miro Graduados, eh?".
"La necesidad más grande es irnos de acá. Hace cuatro años me anoté para una casa, pero me tuvieron de un lado a otro y nunca pasó nada", indicó y agregó, como si hiciese falta: "Otra gran cosa sería conseguir trabajo ¡Necesitamos dinero!".
Un Fiat Spazio, modelo viejo, estacionó frente a la vivienda. Una parejita, joven, descendió del vehículo con bolsas. Se las entregaron casi sin mediar palabra. Norma sonrió: "¿Vio cuánta gente buena hay?".
--Pronto estará mejor, Norma --nos despedimos.
--Dios la escuche... y la bendiga.
Cecilia Corradetti/"La Nueva Provincia"
La respuesta del municipio
Apenas enterado de la situación, el secretario de Salud y Promoción Social del municipio, Diego Palomo, envió un equipo de asistentes para brindar una primera ayuda, consistente en elementos de primera necesidad --pañales, leche, alimentos y frazadas-- además de la tarjeta social.
"Sin embargo, la familia ya está anoticiada de que será alojada en una casa que alquilará el municipio hasta encontrar la solución definitiva. Por esta primera noche prefirieron permanecer allí", amplió.
También desde la comuna se comenzó a gestionar la posibilidad de obtener una beca para otro de los hijos de Norma --que temporariamente vive con un familiar-- para que continúe practicando fútbol en el Club Bella Vista.
"En estos casos, cuando la familia no ha reclamado ningún tipo de ayuda, tenemos que ver cómo insertarla dentro de la red, es decir, en clubes, escuelas, comedores", dijo Palomo.
Manifestó finalmente que el hecho de que la mujer, en su momento, se haya inscripto en un plan de viviendas, puede aumentar las chances de lograr una casa digna para toda la familia.
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