Para que los chicos mejoraran sus notas y su conducta, una maestra de la escuela Saturnino Sarassa los incentivó a juntar donaciones que ellos mismos llevan a escuelas más humildes.
Si bien el proyecto se institucionalizó en el 2000, su autora, Iris Graso, contó que se inició antes. “Muchos chicos de la escuela sufren situaciones de vulnerabilidad y tienen problemas de comportamiento. En 1998, cuando yo ya daba clases en 6to Grado, buscaba una manera de ayudarlos a mejorar su conducta y sus notas. Se me ocurrió que juntaran y arreglaran juguetes para regalárselos a los niños más pequeños. Ellos se entusiasmaron tanto que al año siguiente empezamos a buscar ropa y libros. Y, de a poco, la actividad envolvió a todo el colegio”, dijo. Después, los chicos llevaron el proyecto más allá y llegaron a escuelas de otros departamentos.
Una vez que juntan las donaciones, los mismos alumnos miran la ropa y, si es necesario, la lavan, la planchan y la cosen. Después, organizan bingos para pagar el traslado hasta las escuelas que recibirán la ayuda.
“Les explicamos a los chicos que solidaridad es más que llevar regalos, es escuchar, enseñar y compartir. Por eso, nuestros alumnos dicen que los niños de las escuelas que visitamos los terminan ayudando a ellos”, explicó Iris. Es que los viajes les sirven para generar conocimientos en distintas áreas. En Ciencias Sociales analizan las realidades que ven, en Matemáticas hacen problemas con los kilómetros que recorren, en Lengua escriben cartas que acompañan las donaciones y en Ciencias Naturales aprenden las características de los departamentos que visitan.
“Es sorprendente, los chicos colaboran, aprenden y mejoran sus notas y su conducta. Por eso y por la ayuda que recibimos de los papás, el proyecto se mantiene a pesar de que empezó hace tantos años”, reflexionó Iris
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