Ayala: “Recibí retos de mis ex compañeros por haber hablado”

La Subsecretaria de Derechos Humanos de la prvincia, Silvina Arauz, acompañó a Ayala a la Estancia Monteagudo a reconocer el lugarLa Subsecretaria de Derechos Humanos de la prvincia, Silvina Arauz, acompañó a Ayala a la Estancia Monteagudo a reconocer el lugar
Juan Carlos Jorge Ayala, ex conscripto testigo de fusilamiento, se presentó ante el Juzgado Federal Nº 1 del Juez Marcos Bruno Quinteros ayer por la mañana con el objetivo de ratificar el testimonio acerca de lo sucedido en la estancia Monteagudo, donde se habrían producido fusilamientos en plena época del proceso militar y entre las víctimas estaría “Pancho” Bogarín.

En diálogo con Radio Uno y El Comercial, Ayala dijo que le contó al Juez lo que había visto “en aquella oportunidad. Yo fui parte de una casualidad, porque no era a mi que me buscaban para un traslado de presos, era a mi encargado que era un Sargento Primero y él no estaba; entonces yo me fui en su lugar. Llegué a la guardia, me hicieron estacionar ahí frente a la “Mayoría”, donde había más o menos 10 o 15 personas y militares, más el capellán que en aquel entonces era el padre Lima”.

Continúa relatando Ayala sobre ese trágico día para él que luego lo obligaron “que vaya en sentido a Pirané. Llegamos al Puente Blanco y me dijeron ‘Tenés que agarrar hacia la derecha y yo te voy a decir cuando parar’. Llegamos a la zona de Monteagudo y ahí estacioné, frente al portón. Me quedé ahí, yo no sabía nada y aproximadamente a los 20 minutos, llegó el Unimog-ambulancia y bueno, ahí empezaron a bajar gente, bajaron dos o tres militares también que iban custodiando adentro, pusieron una banqueta a manera de escalón y empezaron a bajar gente”.

El desgarrador relato de Ayala, quien se encuentra con asistencia del Estado provincial mediante el Área de Derechos Humanos, continúa asegurando que inmediatamente ve bajar del Unimog “gente vendada, con las manos atadas y encadenadas a la altura de la cintura, caminando uno tras otro y ahí yo le vi a Mazacote y al señor “Pancho” Bogarín. Ahí dije ‘A estos le matan’. Inmediatamente los introdujeron al monte, frente a la Estancia, cuando eso era un monte muy espeso, con árboles muy grandes.

Ayala dijo que al único que pudo reconocer era al capellán Lima, porque el resto de los militares no tenían sus nombres ni sus insignias. Tampoco eran del regimiento, porque yo andaba de punta a punta con los militares porque era colectivero y los llevaba a torneos de fútbol, los conocía a todos. No eran de acá.

El valor de su secreto

Sobre la dimensión de los hechos, Ayala comenta que hace poco tiempo pudo saber el valor de su secreto. “Yo no tenía parientes y nunca me pasó esto; no entendía la magnitud ni me daba cuenta que era tan importante esto. Sin embargo yo busqué al padre de “Pancho” Bogarín; yo quise hablar con él cuando se fue hace más de 20 años al sur a buscar al hijo por las cárceles. Fui a la municipalidad a sacar un registro de conductor porque yo soy chofer de camión y él estaba contando que recorrió todo el sur buscando a su hijo y no lo encontró. Yo me acerqué a hablar con él, inclusive lo llamé, mientras había otra gente que conversaba con él. Entonces me dije, bueno, otro día hablaré con él. Una vez me fui a la casa, apurado también, porque mi situación era llegar a Clorinda a la madrugada y a la noche venir de vuelta y no estaba”, comentó dando cuenta del intento por aclarar una situación que aún no entendía.

“La mayoría de los chicos Mazacote son mis amigos, son gente de mi edad y había algo por lo que no podía decirlo. El 24 de Marzo fue el día de la memoria, pero yo ya venía con ganas de hablar porque la publicidad en la televisión decía que los que fuimos colimba y vimos algo podíamos contar. Como hace cinco años que yo no trabajo porque estuve enfermo, me pasó el tiempo viendo la tele y justo ahora vi otra vez la tele, el 24 de Marzo y el periodista de Clorinda, Valentino Godoy, contó que todavía lo seguían buscando a Mazacote y a “Pancho”. Entonces yo le dije a mi mujer que yo era la única persona que podía hablar porque nadie va a hablar nunca, puesto que se están muriendo todos, tanto los represores como nosotros nos vamos a morir y no vamos a contar y “Pancho” está ahí. Mi mujer me dijo ‘estás loco’, pero yo me había decidido y pasé por la radio pero no le encontré al señor Godoy, entonces dejé para otro día de vuelta y fue cosa de Dios que una persona se cruzó en mi camino y me dio el teléfono de Godoy para que lo llame. Lo llamé ese mismo día y conté todo”, relata Ayala con la voz quebrada por la emoción.

Los temores

El destino tenía acorralado a Ayala parece, porque cuenta que el año pasado se encontró con los hijos de Mazacote en el “Alta Complejidad”: “Yo tenía vergüenza de contarles, soy una persona de pocas palabras pero le hubiera dicho que fui el último que vio a su padre con vida pero el temor pudo más”.

Sobre el temor que le genera el haber hablado y recibir amenazas, Ayala asegura que su integridad física no le importa “pero si la de mi familia, sin embargo esta carga pesada no la voy a llevar conmigo. Yo reconozco el lugar, aunque esta totalmente cambiado, el frente esta igual pero del lado donde llevaron a esta gente, es todo campo, es una chacra, antes era un monte espeso”.

“Recién ahora siento que me saqué un peso de encima, no tanto por hablar con el Juez sino por hablar con la familia, veo a los chicos, a la hermana de Bogarín que tiene 63 años, igual que el hermano que también es grande. Me dijeron que para ellos es un alivio si los encontramos por lo menos para darle cristiana sepultura. Yo se que hay muchos soldados de mi época, que éramos pibes, “pendejos” y hay mas soldados que saben y les pido que se animen a contar, porque yo recibí retos de muchos compañeros por haber hablado, pero ya pasó mucho tiempo y alguna gente se puede aliviar todavía si hablan”, sostuvo.

Comentá la nota