No es casualidad el silencio en la interna radical. Aída Ayala asumió como una necesidad política bajar el perfil. Después del lanzamiento del Nuevo Espacio Abierto (NEA) en la UCR del Chaco la actividad política se esfumó.
El tema, que no es neutro, tiene varias lecturas posibles. El exgobernador ve el asunto como consecuencia de su inmediata salida al ruedo a reorganizar Convergencia Social, dicen sus allegados, entre quienes también hacen lecturas distintas de las del jefe natural de ese espacio, ámbito al que algunos llaman --con sorna y también autocrítica-- “Club de Amigos de Ángel Rozas”.
Lo nuevo y lo viejo
En teoría, Ayala es lo nuevo; pero todos saben que no es así. Es cierto que desafió a Rozas en el terreno político; pero todo su entorno perteneció al rozismo, como ella misma. Entonces lo nuevo se confunde con lo viejo y el mensaje no es claro.
El discurso no es un tema menor y para la intendenta no es fácil expresar ideas políticas. Es más: siempre prefiere hablar de gestión o como una simple vecina, algo que hasta ahora le funcionó en términos electorales. Pero para la interna que tiene por delante necesita mucho más que eso.
Por otra parte, para algunos sectores internos de los partidos tradicionales, como el Partido Justicialista y la UCR, los nuevos dirigentes o recién llegados siempre “son nuevos”. La falta de pertenencia de origen hace que a los arribados siempre se los mire con desconfianza, por los motivos que fuese. Así el tema se complica un poco más si hay problemas con el discurso político y además de pertenencia.
Ayala fomentó algo de esto con su coqueteo con el líder del PRO Mauricio Macri, pero después dijo que no se iba a ir de la UCR. Su llegada y su partida del radicalismo es un tema de nunca acabar. Es como que siempre está llegando o se estuviera por ir. Ese espacio indefinido también complica la construcción política, que presentó en los comienzos de manera algo confusa (se llegó a decir que la aparición del NEA no implicaba dejar Convergencia Social, algo que fue desmentido por los hechos y el enfrentamiento actual) y sin dejar sentado aún si tiene en vista alguna candidatura en 2015. Esto pese a que nadie ignora que su objetivo es la candidatura a la gobernación.
La vereda rozista
A su vez esto a Rozas le sirvió para presentar a su exahijada política como una “advenediza” que impulsó a la intendencia y que ahora lo traiciona al cruzársele en el camino de la conducción partidaria. El exgobernador, sin embargo, también mantiene algunas cartas fuera de la vista de los demás. ¿Quiere ser candidato a senador el año que viene? ¿Lo piensa lograr batallando con su movimiento o mediante un acuerdo con el sector de Ayala?
Al exmandatario provincial le sirvió para mostrarse como contrafigura de Ayala para juntar a leales y rearmar Convergencia Social; pero no todos sus dirigentes están convencidos de cuál es la causa para defender. Es que si bien acuerdan con la necesidad de frenar a la intendenta, saben que históricamente en el “Club Atlético Angel Rozas” la estrella es una sola, y ya no aceptan esa circunstancia con la misma facilidad de otros años.
Además, una cosa es estar con Rozas en una disputa entre el exgobernador y la intendenta, y otra es no prestar atención a la curva biológica de los integrantes del espacio político: la mayoría de sus dirigentes ya son veteranos de varias batallas y superaron la categoría Sub 50, mientras que el mandamás cumplió 62 en marzo y ya no todos están para acompañar incondicionalmente cualquier batalla.
En la baja de intensidad de la disputa interna, estos también son temas que se discuten en la UCR, donde no todo lo que se ve es lo que sucede. Hay más. Hay otras internas ya lanzadas y con otros protagonistas en los espacios que lideran Ayala y Rozas, Rozas y Ayala. Después de las urnas se verá quién ocupa el primer lugar, si es que no media un acuerdo, siempre posible.



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