El que avisa no es traidor

Edgardo Alfano

El Gobierno ya recibió una señal inequívoca del rumbo que tendrán las negociaciones salariales, más allá de la pelea o los cortocircuitos con Hugo Moyano.

La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) sigue siendo un gremio poderoso en la Argentina, aunque algo devaluado si se lo compara con la época de Vandor, Rucci o Lorenzo Miguel.

Pero sigue teniendo peso entre sus pares y frente al gobierno de Cristina Kirchner.

Por esa razón, la Casa Rosada siempre tuvo abierto sus vínculos con Antonio Caló, el titular de la UOM, y dio el visto bueno cuando el intendente de La Matanza, Fernando Esponiza, propuso que el jefe de los metalúrgico de esa zona, Carlos “Ruso” Gdansky se incorporara a las listas de diputados nacionales para ocupar desde el 10 de diciembre una banca.

La UOM ya avisó e irá a buscar un aumento salarial que supere la inflación real, la del supermercado, como diría Moyano, en un par de puntos, como ocurrió en los últimos años.

Para eso, todavía falta un tiempo, porque los metalúrgicos todavía tienen que cobrar una suma fija de $ 300 en enero, febrero y marzo, y la paritaria recién establecerá el ajuste para el resto del año.

De esta manera, los metalúrgicos estarán lejos de ese 18 % al que aspira el gobierno, como piso para que negocien los sindicatos.

Pero no serán los únicos, los otros sectores que componen el arco sindical seguirán el mismo camino, comenzando por los camioneros.

Desde el arco opositor, el gastronómico Luis Barrionuevo también les avisó a los empresarios del sector que irá por arriba de la inflación.

También en esa línea están los gremios alineados con el gobierno, como la Uocra de Gerardo Martínez, y los gordos de la CGT, como Cavalieri (Comercio), Lescano (Luz y Fuerza), West Ocampo (sanidad) y Daer (alimentación).

Ni siquiera los maestros o los estatales piensan en el 18 % como un porcentaje ideal.

¿En quién puede confiar el gobierno, entonces? ¿En los mecánicos del Smata?, que ahora tienen un nuevo secretario general como Ricardo Pignanelli, quien no dejó de enviar mensajes conciliadores al gobierno.

Pignanelli habló de la posibilidad de acordar el aumento que quiere el gobierno siempre y cuando haya un acuerdo de precios y salarios con el sector empresario. Algo que desde el retorno de la democracia siempre estuvo más cerca del fracaso que del éxito.

Sin embargo, ese acuerdo que quiere reflotar Pignanelli vuelve a estar lejos de concretarse, sobre todo si el gobierno insiste con imponer la inflación de Guillermo Moreno.

De todas formas, con Pignanelli ocurre algo especial. El gobierno lo imagina como el posible reemplazo de Moyano en la CGT, después de junio del año próximo, cuando termine el mandato del camionero.

Sin embargo, Pignanelli no parece ser hoy la figura que junte a los distintos sectores en que está dividido el sindicalismo.

Por ahora tiene mucho camino por andar para armar el carisma que se requiere para un sindicalista que desee ocupar el sillón de Moyano.

En ese sentido es bueno recordar las diferencias históricas que siempre tuvieron los metalúrgicos con los mecánicos.

Hoy la UOM está dispuesta a sentarse al frente de la CGT, pero no lo hará sino hay consenso y vuelven las ovejas descarriadas de la central obrera.

Y si eso no ocurre, propone una conducción colegiada como ocurrió en otras épocas y así abrir una etapa de transición hacia la búsqueda de un nuevo liderazgo.

Mientras tanto, el gobierno cambió el eje de los puentes tendidos con el sindicalismo peronista.

Así, apareció en escena el secretario legal y técnicos, Carlos Zannini, uno de los pocos que accede al círculo íntimo de la presidenta.

El objetivo sería sondear a los gremialistas para buscar una alternativa de cambio frente al liderazgo de Moyano.

Por ser un enviado personal de Cristina Kirchner todos le abren la puerta a Zannini pero también es cierto que le desconfían de igual manera.

Creen que hoy van por Moyano y mañana pueden ir por cualquiera de ellos. Por esa razón prefieren como interlocutor al ministro de Planificación, Julio de Vido, que lo puso para esa función Néstor Kirchner y luego tuvo la bendición de CFK hasta que Moyano cayó en desgracia.

Sin embargo, los puentes que unen a De Vido con los sindicalistas y, en particular con Moyano, siguen tan firmes como antes.

El problema para los sindicalistas es que la decisión de fondo la toma Cristina Kirchner.

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