El "Solar Impulse", que funciona únicamente impulsado por la energía de los rayos del sol, aterrizó en Payerne, Suiza, después de recorrer 6.000 kilómetros durante su primer viaje entre Europa y África
De esta manera, la nave completó su último vuelo entre Madrid y Payerne, donde arribó, después de realizar ocho vuelos que sumaron un total de 13 horas y 29 minutos entre Suiza y Marruecos, informó la agencia española Europa Press.
"Ha sido una aventura extraordinaria no sólo por lo que hemos logrado con este avión, que originalmente sólo se diseñó para demostrar la posibilidad de volar día y noche con una energía completamente solar, sino también porque se ha traducido en un equipo bien fusionado, que confiaba en el proyecto", señaló el director ejecutivo de Solar Impulse, André Borschberg, quien, a la vez, fue uno de los pilotos de la travesía.
Por su parte, el otro piloto, Bertrand Piccard, indicó que “el éxito de esta misión no es sólo en materia de aeronáutica”, sino también por el aporte del proyecto a la causa de las energías renovables.
El "Solar Impulse" dispone de 12.000 placas fotovoltaicas que recubren sus alas de 63,40 metros de envergadura -equivalentes a las de un Airbus A340- y que alimentan cuatro motores eléctricos.
El aparato, que pesa 1.600 kilos como un vehículo de carga ligero, vuela a una velocidad media de 70 kilómetros por hora, y tiene en el interior de su cabina espacio para una persona sentada.
Según la agencia española, esta campaña permitió a “Solar Impulse”, que trabaja junto a la empresa Masen, aumentar la conciencia sobre el potencial de la energía solar y apostar por un "plan pionero de energía solar" en Marruecos, cuyo objetivo es la construcción de una planta termosolar en la región de Ouarzazate.
Bertrand Piccard, que además de piloto también es otro de los hombres al frente del proyecto, es psiquiatra, aeronauta y tiene en su currículum haber sido el primer hombre en dar la vuelta al mundo en globo sin paradas. André Borschberg, en tanto, es ingeniero y licenciado en ciencias de la administración, y piloto profesional de avión y de helicóptero.
Lejos de trabajar solos, ellos dos contaron con ingenieros mecánicos, ingenieros aeronáuticos, físicos, especialistas en estructuras, en aerodinámica, en diseño y en materiales compuestos.
El equipo debió resolver complicados desafíos, como el equilibrio entre la máxima eficiencia, el menor peso y la confiabilidad extrema de las células fotovoltaicas del avión. A la vez, para asegurarse de que la energía creada se administrara con eficacia, el equipo desarrolló baterías y motores de alto rendimiento, todos controlados por una computadora central que permite la optimización de uso de la energía durante los vuelos.
Comentá la nota