Si se rompe la lógica del armado legislativo, hay una clara manifestación de cambios en los esquemas políticos del oficialismo. Qué hará Scioli, sus posibles estrategias y políticas de alianzas. Los roles del vicegobernador, Gabriel Mariotto, y La Cámpora
Quizá no esperó soportar tormentas virulentas desde la mismísima partida. Están convencidos los sciolistas de que la lealtad prodigada -a Cristina Fernández ahora y a Néstor Kirchner antes- no se devuelve de la misma forma si se concretan las apetencias del kirchnerismo de paladar negro, cuyo desembarco en Provincia es intempestivo al amparo de ser “hombres de la Presidenta”.
En los últimos cuatro años Scioli manejó la nave con pericia, y el resultado se vio reflejado en el apoyo conseguido para su reelección. Lo hizo aun cuando después de las legislativas 2009 el oficialismo quedó reducido en la Legislatura. Su teoría de los consensos funcionó y, por ejemplo, cuando el Gobierno nacional no pudo lograr la aprobación del Presupuesto, la Provincia contó con la mano alzada de la oposición para tener la ley de gastos y recursos.
Pero los pingüinos se mueven en una galaxia donde una de las claves del éxito es captar espacios de poder (nada diferente de la historia política universal) y, a la vez, fulminar cualquier lógica ligada a las tradiciones. Es decir, el objetivo de siempre pero con otro método.
Paradojal al fin, el que debiera ser el mejor momento para el Gobernador, después del 53% de adhesión popular, se vería complicado por las cuitas internas. Ni el gesto de consultar por el próximo gabinete y abrir puertas a los K sopesaron para mantener la lógica de armado en la Legislatura.
Se puede afirmar desde ya, y antes de comenzar la nueva etapa, que la verdadera oposición y el control férreo hacia el Gober-nador -y también hacia la pata histórica del PJ bonaerense- estarán puertas adentro, en el mismo transportador donde todos comienzan a jugar su estrategia para tomar el timonel en 2015.
Fue Scioli con el organigrama futuro, dispuesto a consensuar nombres y a dejar espacios abiertos para que la Presidenta propusiera gente suya. Palabras más, palabras menos, Cristina dijo “disponé vos, es tu gabinete, hacete cargo”. Sin compromisos por
si hay problemas, ella usó la misma lógica que su marido había recomendado a Alberto Balestrini en 2007: no colocar dirigentes propios en el Gabi-nete, por si aparecían diferencias políticas.
Podría deducirse, además, que la Rosada esconde algo más profundo. Scioli sufrió, y sufre, para recibir mensualmente la asistencia económica nacional (en algunas épocas de definiciones políticas ese ahogo llega al punto máximo antes de descomprimirse). Soterradamente, fuentes nacionales dejan trscender que el próximo año se haría un recorte efectivo sobre esos recursos. Sin ir más lejos, todavía aguardan en Provincia una renegociación de la deuda mantenida con Nación. Como publicó este medio, si ese acuerdo no se concreta, las finmanzas bonaereses estarán más que complicadas.
La Presidenta, no obstante, miró de reojo la nómina de nombres acercada por Scioli, y hasta no habría podido contener un co-mentario irónico acerca de uno de los elegidos. Pero no intervino, como sí anunció que lo hará con Legislatura. Y eso es una señal de alerta para calle 6. Justamente del otro poder vendrían las mayores dificultades. Ya anuncian los muchachos que impondrán le-yes y avanzarán en temas de su interés, sean o no del gusto del Ejecutivo.
Es Gabriel Mariotto, el vice, quien asume el rol de cambiar toda la lógica tradicional y, desde esa postura, marcar diferencias. Con formación política distinta, sin anclaje territorial y con Cristina como única jefa reconocida, quien llevará las riendas del Senado se erige comisario y principal gestor de los deseos de Balcarce 50.
Una semana movida
Un día después de la reunión entre Scioli y Cristina, un diputado decidió cortar por
lo sano y, en comunicación directa con un encumbrado despacho de la Casa Rosada, chequeó lo que llegaba como versión. Comprobó, para su pavor y el del grupo de históricos, que, efectivamente, la Presidenta había anticipado al mandatario provincial la intención, no negociable, de instalar a un K puro en uno de los dos puestos que comparten la firma de la Cámara de Diputados, es decir, la presidencia o la vice.
También se enteró de que el esquema de comandancia K iría en el Senado más allá de la figura del vicegobernador Gabriel Mariotto, y que tanto Sergio Berni (probable vice primero) como Cristina Fioramonti (quizá jefa de bloque) serán figuras destacadas en la estructura que comenzará a funcionar tras el recambio de autoridades.
Como sucede históricamente, la madre de las batallas se disputa en la cámara Baja, y la intromisión K pulveriza cualquier atisbo de acuerdo previo alcanzado por quienes están y permanecerán en sus bancas.
La Cámpora y los otros sectores del kirchnerismo de paladar negro habían prescindido de entrar en vanas pujas de posicionamiento previo. Dejaron correr las versiones alimentadas por el grupo de legisladores con continuidad (que además cuentan con el apoyo de algunos con mandato vencido pero de vasta historia en la Cámara) y, también, por el sciolismo. A los pingüinos les sobró con la reunión entre Cristina y Scioli para hacer saber que, efectivamente, “vienen por todo”.
Scioli y el grueso del sciolismo se entusiasmaban con un esquema en el que Diputados responda directamente al Gobernador, a sabiendas de tener en el Senado el contralor de Mariotto, soldado incondicional de Balcarce 50, pero con las directivas quedó encerrado el mandatario provincial en la encrucijada de sacrificar a un propio o traicionar a un aliado. La resultante se sabrá en el último minuto, pero el mandatario provincial sabe que el propio siempre perdonará, y el aliado no. Sembrar más complicaciones a un escenario enredado no está en su estilo.
El tema adicional es saber cómo será la forma de reportar de ese aliado de aquí en más. Pues si Horacio González queda como presidente del Cuerpo, celosamente custodiado por José Ottavis desde la vicepresidencia, también se verá doblemente encorsetado: por un lado, cumplir con el Gobernador para sacar las leyes necesarias para el Ejecutivo, y, por el otro, estará condicionado para alcanzar los acuerdos internos. “La lógica de funcionamiento de aquí en adelante quedó totalmente modificada”, coinciden viejos conocedores de los movimientos en el Parlamento. A la oposición tampoco le gusta el esquema por venir.
La Legislatura es clave como uno de los principales espacios de poder donde se cocina la rosca. Sin embargo hay otro factor predominante: el económico. Una caja mi-llonaria, cuyo manejo recae en la Presiden-cia y Vicepresidencia.
Seguramente la primera mandataria sabe pormenores del juego al que es capaz de llegar un legislador; sin embargo, fuentes de la Casa Rosada afirman que se vio sorprendida cuando alguien le acercó un minucioso informe con puntillosos detalles de los beneficios para un diputado. Le mostraron el de un oficialista, y quien se lo alcanzó conoce muy bien la Cámara.
“Hay que tomar intervención sobre esto”, aseguran que fue la respuesta de la Presi-denta. Y actuó en consecuencia. Era lo que esperaba el camporista José Ottavis para erigirse en el comisario K en calle 53.
Con el vice impuesto, y la continuidad de González casi asegurada, quedan por resolver las autoridades de bloque. Y ahí resurge la postura de “se elige adentro”. De acuerdo a las informaciones vertidas desde Balcarce 50, el padrinazgo lo tiene Juan De Jesús.
“Una imposición es mucho, dos es un escándalo”, dijo a La Tecla un legislador visiblemente ofuscado. Aseguran que esa batalla es la última por dar, y la darán como para que “al menos sobreviva algo de la lógica histórica”. Hay una estrategia, vieja, y hasta ahora siempre efectiva: la división por células; es decir, la división interna en varios grupos, capaces de condicionar el tratamiento de cualquier ley si el titular del bloque no logra aunar las voluntades y las pretensiones de todos. Hasta se animan algunos a decir que “se lo podríamos dejar a Scioli (para que allí vaya Martín Ferré) antes de que quede en manos de un delegado de Amado Boudou”.
La jugada de la división interna se realizó hace cuatro años, cuando se destronó a Ismael Passaglia para entronizar a Horacio González, quien al principio no estaba en los planes pero culminó calzándose el traje de presidente gracias a ese parcelamiento. Detrás de la acción hubo en aquella oportunidad una mano avezada. Esa mano está de vuelta para brindar apoyo a los colegas que seguirán. Aunque esta vez todos reconocen que la resistencia se hace mucho más difícil y que nadie resiste a los llamados desde las cercanías de la Plaza de Mayo. Así, el desembarco de De Jesús tampoco tendría demasiada oposición, pese a que hubo señales de enojo con la demora en la discusión del Presupuesto.













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