Investigadores tucumanos del CONICET descubrieron bacterias que resultaron resistentes a este tipo de radiaciones. Utilidad en la industria farmacéutica para la protección de daños en la piel.
Los ambientes extremos han sido objeto de intensos estudios enfocados en la diversidad de organismos y los mecanismos moleculares y de regulación involucrados. Los productos disponibles de los extremófilos (organismos que viven en ambientes extremos), tales como proteínas, enzimas (extremoenzimas) y solutos compatibles son de gran interés para la biotecnología. Los ejemplos incluyen bioquímicos usados para la formulación de detergentes, procesamiento de papel y cuero, biocombustibles, bioremediación, bloqueadores ultra violetas (UV), y nuevos antibióticos.
En el caso específico de las fotoliasas, su aplicación es principalmente en la industria farmaceútica o en tratamientos médicos, ya que se pueden usar para formular cremas para proteger del daño de la piel por el UV o así mismo se pueden utilizar en terapia génica para reparar lesiones del ADN en tejidos cancerígenos.
"Las enzimas provenientes de nuestros extremófilos cuentan con valor agregado, ya que por su carácter extremo y su interesante actividad en condiciones más hostiles, las fotoliasas de la Puna podrían ser más versátiles y eficaces a la hora de ser aplicadas en formulaciones terapéuticas o en tratamientos", explicó al portal "Tomá mate y avívate" la científica Virginia Albarracín, autora principal del trabajo, que es Investigadora Asistente CONICET quien desarrolla la línea de investigación de bioprospección de fotorreceptores de extremófilos de la Puna desde 2008 alternando sus investigaciones en dos laboratorios: Laboratorio de Investigaciones Microbiológicasde Lagunas Andinas (LIMLA-PROIMI-CONICET) Argentina y el Instituto Max-Planck de Conversión de Energía Química, Mülheim an der Ruhr, Alemania.
Es importante destacar que por la importancia del proyecto, Albarracín obtuvo la Beca Marie Curie de la Comunidad Europea por lo cual ahora se encuentra desarrollando la investigación en Alemania en el contexto de un equipo multidisciplinario y transnacional, integrados por tres grupos de trabajos interdisciplinarios dirigidos por: María Farías (LIMLA-Proimi-Tucumán), Claudio Borsarelli (UNSE, Santiago del Estero) y Wolfgang Gärtner (Instituto Max-Planck de Conversión de Energía Química, Mülheim an der Ruhr, Alemania).
Los investigadores se plantearon idear la forma de prevenir el daño de la radiación solar, y así lo detalla Albarracín. "Por un lado, se propone para desarrollar nuevas estrategias de fotoprotección, en el campo de lo que se denomina fotoprotección inteligente. Es decir, en las estrategias preventivas contra la radiación dañina del sol que apuntan a modificar los procesos moleculares implicados en el daño. Dentro de este grupo de estrategias, se encuentran los antioxidantes, y las enzimas como las fotoliasas. Ambos productos pueden ser extraídos de los extremófilos de la Puna. Asimismo, los genes de las fotoliasas pueden ser insertadas en células humanas alteradas en algunas formas de cáncer cutáneo para revertir el daño al ADN previamente generado”, resaltó la especialista.
Agregó, también que se necesitará una comprensión más profunda de la función de la enzima y un desarrollo de sustancias que permitan el transporte de la misma a través de la piel o a través de algún otro tejido para que de esa manera puedan llegar al lugar dañado.
De haber empresas interesadas en desarrollar un producto específico con las moléculas extraídas de estos extremófilos, se podría llegar a un resultado más pronto y con una salida comercial más concreta. Para el futuro mediato, estas enzimas, que captan luz podrán jugar un rol fundamental en la transformación de ella en energías limpias.
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