Autismo y TGD: un tratamiento garantiza la recuperación “prácticamente total”

Desde una fundación aseguran que se lograron importantes avances gracias a un procedimiento de origen extranjero. Cambios en la alimentación permiten “bajar la carga tóxica” de los niños con esta condición. Solicitan apoyo económico para conformar un equipo
El amor de una madre por su hijo logró superar con denodado esfuerzo la falta de respuestas que ofrece la medicina argentina para tratar el autismo y los denominados Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD). Gracias a un novedoso tratamiento de origen extranjero -difundido en Mar del Plata por la Liga de Intervención Nutricional Contra el Autismo (Linca)-, se registraron en la ciudad los primeros casos de niños “prácticamente recuperados”, quienes debieron someterse a una difícil, costosa pero exitosa desintoxicación que les permitió “bajar la carga tóxica de su cuerpo”, mejorar su nivel cognitivo e insertarse socialmente como cualquier otro individuo.

Natalia Russo se acercó a la redacción de El Atlántico para compartir su experiencia. La vida de esta joven madre cambió totalmente cuando se detectó que su hijo padecía una “parálisis cerebral leve con un trastorno mixto de desarrollo”.

Ante la falta de un diagnóstico acertado en la ciudad y en distintas instituciones médicas del país (el caso carecía de etiología), la madre de Ian Franco -hoy, a sus 3 años, “prácticamente recuperado”- se acercó a la Fundación Linca Argentina y tomó las riendas de la situación para investigar por sus propios medios la causa del trastorno de desarrollo de su hijo.

Su búsqueda la acercó a un novedoso tratamiento originado en Estados Unidos que consiste, básicamente, en un cambio rotundo en la alimentación para desintoxicar al niño autista o con cualquier otro tipo de TGD.

A partir de allí, su vida y la de su hijo, cambiaron circunstancialmente. El tratamiento propone reemplazar el azúcar con un endulzante especialmente elaborado; se eliminan los péptidos de gluten y caseína; se incorpora un purificador de agua; no pueden utilizarse perfumes, insecticidas ni químicos o agrotóxicos; debe suprimirse cualquier resto de tabaco, esmalte de uñas y shampoo tradicional, entre otros. Todo, absolutamente todo, debió cambiar.

“Es una vida completamente ecológica y natural porque los nenes están saturados de esos metales. Nosotros convivimos con metales pesados, pero tenemos un sistema de desintoxicación que en teoría funciona, pero ellos lo acumulan y no lo pueden eliminar”, explicó Natalia.

El autismo es un espectro de trastornos caracterizados por graves déficits del desarrollo que afectan el sueño, la alimentación, la socialización, la reciprocidad emocional y la imaginación. Para los referentes locales de Linca Argentina, los TGD son “tratables y recuperables”, aunque reconocen que “no tienen cura”.

¿Cómo fue la evolución de tu hijo a partir del comienzo de este tratamiento?, indagó este medio. “Empezamos hace un año y medio y hoy está prácticamente recuperado. Al principio pensé que iba a ser imposible, por el altísimo costo que tiene todo. Pero por mi hijo soy capaz de hacer lo que sea. No quería esto para su vida y me prometí hacer todo lo que estuviese a mi alcance”, aseguró.

La respuesta “favorable” al tratamiento fue inmediata. Al igual que la mayoría de los niños con esta condición, el hijo de la representante marplatense de Linca Argentina -presidida a nivel nacional por Carlos Cilento Pintos- “prácticamente no dormía más de dos horas, no se sentaba, no jugaba, no gateaba, no se relacionaba, se pegaba, se mordía…”.

“La evolución en su conducta -continuó- se vio enseguida. En un año y medio el cambio fue prácticamente total. Valió la pena todo el esfuerzo y el sacrificio. Desde lo orgánico está controlado, pero mejoró muchísimo su nivel cognitivo y su grado de inserción. El pediatra que mi hijo tiene acá me lo reconoció: gracias a la dieta y los suplementos, mi nene hoy es otra persona”.

Pese a que son múltiples los casos que demuestran el éxito de este tratamiento, de acuerdo con Linca Argentina el procedimiento “no cuenta con la suficiente difusión”, pero además “acá en el país no está y los análisis se hacen directamente en Estados Unidos”.

UN FENÓMENO MULTICAUSAL

La estadística sostiene que la mayoría de los niños con Trastornos Generalizados del Desarrollo nacieron en forma prematura, lo que produce que su sistema inmunológico y digestivo sea “débil” y que los órganos no funcionen correctamente.

Sin embargo, los TGD son fenómenos “multicausales”. Le debilidad de su sistema inmunológico, sumado al grado de contaminación al que se expone al ser humano desde que nace, además del consumo de alimentos no adecuados, contribuyen al desarrollo de estos déficits del desarrollo natural.

En el caso de Natalia Russo, su hijo presentaba valores “extremadamente” alterados de metales en su cuerpo como plomo (18 veces más del máximo tolerable), arsénico y aluminio, entre otros.

De la mano del tratamiento, comienza el proceso que permite “bajar la carga tóxica” del organismo de los niños afectados por este trastorno.

“Al dejar de someterlos a tantos metales contaminantes, los nenes mejoran muchísimo. Son alérgicos a varios alimentos, tienen el intestino muy dañado y permeable, no eliminan metales pesados ni toxinas y tienen exceso o bajo nivel de colesterol y ácido úrico. El tratamiento permite bajar la carga tóxica”, explicó.

APOYO ECONÓMICO

La fundación carece de cualquier tipo de apoyo económico de gran escala. El endulzante que reemplaza el azúcar cuesta 13 dólares el kilo y solo se importa en bolsas de 25 kilos; los estudios solo se realizan en Estados Unidos y la ronda de análisis vale alrededor de 900 dólares; los purificadores de agua potable presentan un costo muy elevado, al igual que los suplementos.

Hoy por hoy, para Linca Argentina es “fundamental” obtener una “ayuda económica” de la Provincia o la Nación. “Si tuviésemos un apoyo de este tipo, tendríamos muchos más papás interesados en acceder al tratamiento, porque estamos seguros de que los papás que no se acercan, es por falta de dinero”, señalaron desde la fundación.

Este soporte económico permitiría constituir en Mar del Plata y en Buenos Aires un equipo de profesionales capacitados y especializados para trabajar sobre este tipo de patologías, contener a los padres y garantizar la evolución cognitiva y orgánica de sus hijos.

La recuperación a partir del trabajo difundido por la fundación, es “prácticamente total” en la mayoría de los casos, pero sin un sostén económico, el esfuerzo es superlativo e imposible para muchos.

No obstante, padres y madres que observan la diaria evolución de sus hijos, aseguran que todo el sacrificio “vale la pena”. Así, resulta casi indescriptible la primera vez que -gracias al tratamiento- los niños pueden acceder al juego, a interactuar con otros chicos, a comenzar a llevar una vida “normal” y a encontrarse, mejor tarde que nunca, con la realidad del “mundo exterior”

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