La ganadería del centro de la provincia comienza a sentir la ausencia de lluvias que resiente el abastecimiento de agua para los animales y complica el futuro de las pasturas tras dos años de recuperación del rodeo, que fue diezmado por la histórica sequía del 2009.
Si bien en las últimas semanas del año que finalizó se registraron lluvias en la provincia, no fueron de milimetraje abundante y no permitieron la recarga de los reservorios que “aguantan con el acumulado en el invierno”. “Los chaparrones pudieron ser beneficiosos para las pasturas, pero con el correr de los extensos y agobiantes días de verano la humedad del suelo también ya es escasa y se observa el resentimiento en los pastos que se muestran amarillos por el stress hídrico”, agregó el ruralista.
El paliativo del agua subterránea no es considerada por los ganaderos una opción para un posible nuevo período de sequía ya que “las napas están bajando y los pozos y perforaciones no tienen caudal suficiente. La preocupación se acentúa en aquellos productores que por inconvenientes económicos no pudieron realizar obras de construcción de reservorios que les permitan sobrellevar los eventos críticos de la naturaleza.
Perjuicios en las pasturas
El agua es el elemento vital para la ganadería ya que “el animal si no tiene para beber no se alimenta”, pero el daño que se está registrando en las pasturas resulta también una preocupación.
“Estábamos iniciando el proceso para almacenar nuevamente alimento tras el invierno en el que las reservas de forraje se agotaron y lamentablemente observamos que esos cultivos, que tenían como destino la alimentación del ganado, están siendo perjudicados por el fuerte sol y la falta humedad”, relató con preocupación el presidente de la Rural de Sáenz Peña.
Señala además que “los sorgos y maíces se están secando y no sirven para convertirlos en reserva para el invierno, es alimento que sirve para hoy pero no para mañana”.
Angustia histórica
La intranquilidad de los ganaderos tiene fundamento en los antecedentes que tiene la provincia de las pérdidas que puede generar en el rodeo la ausencia de lluvias. No muy lejano, el año 2009 “fue el peor para la ganadería”. Ese año no quedará en el olvido de los productores ya que las pérdidas fueron lapidarias para muchos. Ese tiempo ocasionó que en el Chaco se perdieran algo más de cuatrocientas mil cabezas de ganado vacuno por la muerte en los propios campos o por la venta obligada con destino a faena.
“En estos dos años recuperamos algo del rodeo, pero todavía falta y lo que estamos observando que sucede en otros lugares del país realmente nos está asustando porque no queremos volver a padecer la crisis hídrica del 2009”, remarcó Mario Fogar. “Si en los próximos treinta días no se registran lluvias de entre cien y ciento cincuenta milímetros realmente vamos a estar nuevamente muy complicados”, sentenció el ruralista saenzpeñense.
Volver a vender
La última campaña de vacunación antiaftosa brindó números alentadores para el Chaco: 2.541.800 cabezas de ganado en existencia. En el período 2006-2007 la provincia llegó a tener 2.800.000 cabezas “con el proyecto de alcanzar los 3.000.000 de animales vacunos”.
“En el 2008 el problema de la política ganadera generó la disminución de vientres que fueron a faena y en el 2009 cerró el panorama negativo la sequía; en la conjunción de los factores la provincia terminó perdiendo aproximadamente quinientas mil cabezas”, relató Mario Fogar.
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