La ausencia de empresarios marca un antes y un después

Pese a la presión del Gobierno, casi no hubo ejecutivos de peso en el acto
Alguien habrá ocupado la silla de Héctor Méndez. Porque la Galería de los Héroes Latinoamericanos, que la presidenta Cristina Kirchner usó ayer para dar a conocer el informe sobre Papel Prensa, explotaba de gente. Pero no estaba el N° 1 de la Unión Industrial Argentina (UIA), la cámara más importante del país, que había decidido horas antes con sus pares, por unanimidad, su jugada más arriesgada y significativa en la era kirchnerista: desoír las innumerables convocatorias telefónicas del ministro Julio De Vido y el secretario Guillermo Moreno.

"Fue un día de nervios", suspiró por la noche un miembro de la junta directiva fabril. Resultó además, en el plano simbólico, el quiebre definitivo del establishment con el Gobierno, algo que se insinuaba desde hacía tiempo y casi nadie se animaba a ejecutar.

En contacto desde temprano, a la negativa se sumaron la alimentaria Copal, que conduce Daniel Funes de Rioja, y otros dirigentes de inmejorable relación con la Casa Rosada, como Carlos Wagner, presidente de la Cámara de la Construcción, y Adelmo Gabbi, de la Bolsa, que envió al acto al secretario técnico y a la secretaria legal.

"La Bolsa de Comercio hace saber que ha asistido al acto convocado por la Sra. Presidenta de la Nación", empezaba el comunicado que difundió más tarde la entidad. Hay miedo a las reacciones. La mayor parte de los empresarios apagó por la noche su teléfono celular. Pero varios fueron, por si faltaban motivos para irritar al poder, a la entrega de los premios de la revista Fortuna , propiedad de Jorge Fontevecchia.

Méndez fue, así, el hombre más presionado de la jornada. En realidad, la reunión de junta había empezado con la decisión tomada. El licorista Guillermo Padilla, de Copal, leyó en voz alta lo que había resuelto la corriente Celeste y Blanca en un almuerzo en la sede de Cilfa, la cámara de laboratorios nacionales: no hay que ir, dijo, Papel Prensa es un tema que debe resolver la Justicia. La otra rama, Industriales, que había almorzado en el Centro Argentino de Ingenieros, aceptó.

"Difícil de remontar"

Hubo objeciones. El santafecino Guillermo Moretti anticipó que iría por su cuenta a la Casa Rosada. Juan Carlos Lascurain ya lo había transmitido un día antes: Adimra, la cámara metalúrgica que representa, venía de aprobar por 14 votos a 2 la asistencia. Se sumaron así a ejecutivos manufactureros que estuvieron en el acto, la mayoría de ellos en el fondo, bastante escondidos. También fueron Carlos de la Vega, de la Cámara Argentina de Comercio; el constructor Angel Calcaterra (de la firma Iecsa), primo de Mauricio Macri, y Norberto Peruzotti, de la asociación de bancos privados nacionales que conduce Jorge Brito, uno de los tantos que estaban de viaje.

"Y... va a ser difícil remontar esto", reconoció un industrial que intuye malestar en el Gobierno. ¿Cómo resguardar, por ejemplo, al propio Méndez? El autopartista Rodolfo Achille propuso en la UIA una salida: que la decisión se dejara por escrito, consignando que se tomaba por unanimidad. Así fue.

Si existe autocrítica en el Gobierno, alguien deberá advertir hechos que tal vez no contribuyeron a la afluencia masiva que pretendía Moreno. Uno podía verse en una TV contigua al salón en que deliberaba la cúpula fabril: la transmisión del acto de asunción de Hugo Moyano en el PJ bonaerense acompañado por Néstor Kirchner. El camionero llevaba una semana con cinco plantas de Techint bloqueadas sin que ningún funcionario haya intervenido. De Vido escuchó personalmente el reclamo hace semanas, atendido recién anteayer por el Ministerio de Trabajo. La protesta es por desacuerdos con los contratistas, pero el gremio presiona a la siderúrgica.

"Lo de La Plata parecía apología del delito", graficó un industrial. ¿Por qué deberían meterse en un conflicto ajeno si el propio y principal no está resuelto? En la UIA, el planteo vino de una autopartista de Avellaneda, que advirtió que, si cualquiera tenía que pagar incumplimientos de un proveedor, la amenaza no acababa en Techint. "No voy a hacerme cargo de los problemas de un rapiflet", concluyó.

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