Los sindicatos van a la negociación paritaria con un piso del 35 por ciento de aumento para los trabajadores del Estado, en busca de recuperar el poder adquisitivo carcomido por la inflación, pero el Gobierno podría usar como parámetro la instrucción no escrita que baja desde el Ejecutivo Nacional, que le pone un techo del 18 por ciento a los incrementos salariales para este año.
La discusión amaga con ser especialmente dura por el lado de los trabajadores viales y algunos sectores de la docencia.
Para el logro de su objetivo de llegar a un acuerdo salarial que le garantice tranquilidad para sus cuentas, el Gobierno podría contar con la ayuda de la dirigencia de la ex-combativa Asociación de Trabajadores del Estado, domesticada hace años por las administraciones del PJ y con la siempre benevolente conducción del principal sindicato de los maestros, la Asociación de Trabajadores de la Educación del Chubut.
En una época de vacas quizás flacas y apurado además por las consecuencias del impacto que tendrán sobre las cuentas públicas la doble emergencia del incendio forestal y la sequía en la Meseta Central, para el Gobierno toda cifra que supere el 20 por ciento de aumento sobre los niveles salariales vigentes parece muy complicada de conceder.
Este no es un dato menor para la política doméstica, ya que marca una sustancial diferencia en comparación con el inicio del primer mandato de Mario Das Neves, que construyó buena parte de su poder parado sobre la montaña de billetes que le permitieron otorgar mejoras sustanciales a los sueldos del Estado Provincial.
Quizás porque ahora las cosas son más que distintas, es que Buzzi parece trabajar en una construcción más artesanal de su gestión, buscando otros ejes para asentar tanto el discurso como la acción de Gobierno, mientras busca que su acercamiento al kirchnerismo le reditúe en tranquilidad y también en billetes.
Es que el "jogo bonito" le gusta a todo el mundo, pero es bien sabido también que, en casi todos los órdenes, "goles son amores".

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