Aumentaron un 30% los casos de gastroenteritis en el Materno

Por día, unos 50 chicos se atienden en la guardia del hospital. Las autoridades sanitarias recomiendan consultar al médico en caso de diarreas y vómitos para evitar deshidrataciones. Los casos de bronquiolitis se mantienen en los parámetros normales.
Los casos de gastroenteritis aumentaron un 30 por ciento en el Hospital Materno Infantil respecto al año pasado, según cifras oficiales. Por día, unos 50 chicos se atienden en la guardia. Frente al aumento de las consultas, las autoridades sanitarias recomiendan tomar una serie de medidas de precaución: consumir agua segura, lavarse las manos frecuentemente, mantener la cadena de frío de los alimentos y consultar al médico en caso de diarreas y vómitos para evitar deshidrataciones.

"No es habitual que haya tantos casos en esta época del año, ya que es una enfermedad que tiene mayor incidencia en el verano. El aumento de los cuadros se debe a un virus que está dando vueltas", dijo a LA CAPITAL el director asociado del hospital, Mauro Costantini.

La diarrea es uno de los primeros síntomas de la gastroenteritis. Esta enfermedad consiste en una inflamación de la membrana del intestino causada por parásitos, un virus o una bacteria.

En verano la mayoría de los cuadros de gastroenteritis son de origen viral. Se trata de una patología muy contagiosa entre las personas, otras veces se contrae por tocar superficies contaminadas y llevarse las manos a la boca o por ingerir alimentos mal conservados. Según explican los médicos, el calor aumenta los casos de gastroenteritis porque estimula la reproducción de los virus y acelera la descomposición de la comida.

El grupo de mayor riesgo es el de los lactantes menores de 1 año. La diarrea puede ocasionar una deshidratación severa que, si no se cura a tiempo, puede ser mortal. Por eso, la leche materna es la mejor protección para el bebé, según recomiendan los especialistas.

Una encuesta reveló que los médicos de guardia y pediatras en Argentina estiman que pasan casi un cuarto de su tiempo (22%) tratando casos de urgencias por vómitos y diarrea severos en bebés, y que esos bebés permanecen hasta cinco días internados recibiendo tratamiento o en observación (82%). Además, los doctores consideraron que lo más difícil acerca de atender a las criaturas es el riesgo de que otros pacientes contraigan la misma enfermedad a través de una infección hospitalaria adquirida.

Bronquiolitis

A diferencia de la gastroenteritis, los casos de bronquiolitis en el Materno Infantil se mantienen en los parámetros normales. "Tenemos casi la misma cantidad de consultas que el año pasado", afirmó Costantini.

La bronquiolitis es una enfermedad común respiratoria, provocada por una infección viral que afecta los bronquios más pequeños denominados "bronquiolos", que llevan el aire a los pulmones. A medida que estas vías aéreas se inflaman, se obstruyen y se llenan de mucosidad, al chico afectado le cuesta respirar cada vez más.

Por lo general, la bronquiolitis se da en los dos primeros años de vida, con un mayor incidencia entre los 3 y los 6 meses. La concurrencia a centros para el cuidado de niños (guarderías) y la exposición el humo del cigarrillo también pueden aumentar las probabilidades de que un lactante contraiga la enfermedad.

La mayoría de los casos son leves y no requieren un tratamiento especial. Los antibióticos no son útiles, porque se trata de una infección viral. En algunos casos, se administran medicamentos parecidos a los que se usan en el asma para ayudar a abrir las vías aéreas del chico. Los corticoides orales o endovenosos no han demostrado ser efectivos y pueden resultar peligrosos.

Los primeros síntomas de la bronquiolitis suelen ser iguales a los de un resfrío común: secreciones en la nariz y tos leve. En algunos casos, se desarrolla gradualmente una dificultad respiratoria más severa caracterizada por latidos cardíacos acelerados, hundimiento del cuello y el tórax con cada respiración, conocido como "retracciones" o "tiraje", aleteo de las fosas nasales e irritabilidad, con dificultad para comer y dormir. Suele durar aproximadamente siete días, pero algunas veces la tos puede continuar durante semanas. Por lo general, la enfermedad llega a su pico en el segundo o tercer día después de que el chico comienza a toser y luego desaparece en forma gradual.

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