En el Inadi se abre un expediente por este tipo de situaciones cada 48 horas, mientras que el año pasado era uno cada cinco días. El sobrepeso representa la segunda causa de segregación más común en el país.
"A los empleadores les asusta tener a cargo una persona con sobrepeso. Como también hay disponible mucha información, se sabe que la obesidad es la principal enfermedad crónica no transmisible a nivel mundial. Trae asociados problemas como colesterol alto, hipertensión, mayor predisposición al cáncer, problemas articulares, diabetes tipo 2. Además, hay una creencia generalizada de que alguien con sobrepeso tiene un rendimiento físico menor en el trabajo, pero un ‘gordito’ puede ser mucho más ágil que muchos flacos", explica la licenciada en Nutrición María Emilia Mazzei, quien integra el consejo asesor de la Fundación Cardiológica Argentina.
A su vez Mónica Katz, directora de la carrera de Nutrición de la Universidad Favaloro, asegura que "a pesar de que las personas con sobrepeso son mayoría, somos una sociedad obesofóbica. Pero el de la estigmatización social por sobrepeso es un tema difícil de abordar, porque en nuestra cultura está muy enraizada esa mirada peyorativa del ‘gordo’. En muchos casos es una discriminación encubierta, no explícita. Es una mirada subvalorativa que también se encuentra en la misma persona que está excedida de peso respecto de sí misma".
Por su parte la antropóloga Alexandra Brewis, investigadora de la School of Human Evolution and Social Change de la Universidad de Arizona, Estados Unidos, conduce actualmente un estudio sobre la Fat-stigmatization. Para ello realizó encuestas en 10 países, entre ellos la Argentina, y según los resultados del sondeo en el país los argentinos asocian una persona gorda a alguien feo y asexual. Lo definen como "indeseable" e incluso "holgazán", que carece de fuerza de voluntad y que además es irresponsable e inepto.
"La obesidad y el sedentarismo constituyen un problema para la salud y la solución no es una cuestión de voluntad, ni de ponerse las pilas o de cerrar la boca ni de aislarse ni de controlar, enojarse o reclamar. Hay que resignificar este problema individual como un problema colectivo, con sus múltiples causas: ambientales, socioculturales, familiares, psicológicas, metabólicas y hereditarias", señala en diálogo con un matutino porteño Irene Ventriglia, una de las autoras del libro Obesidad, otra mirada, que fue presentado esta semana por el Servicio de Obstetricia del Hospital Italiano.
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