Auge y desarrollo del Balneario Municipal en la vivencia de un lagunero de alma

Luis Alberto García es testigo de la evolución del balneario “Laguna de Gómez”. Junto a su hermano Miguel –integrantes de una familia con tradición gastronómica- y Ricardo Pelli, llevaron adelante un polirrubros que arrancó en 1976 y tuvo vigencia hasta 2006, época en que se transformó de “Balneario” a “Parque Natural”.
“El local 9”, así se lo conocía popularmente, frente a la rotonda central. Por allí también desfilaron personajes locales y figuras del ambiente artístico y deportivo nacional, dejando todos ellos miles de anécdotas que hoy permanecen en la memoria de los hermanos García, muchas de ellas traídas a la mesa del presente, en un diálogo mantenido con LA VERDAD.

“A la laguna iban junto tanto una familia con un auto cero kilómetro como los que llegaban en colectivo o en bicicleta. No había ni pobres ni ricos. No eran castas, ni había diferencias y se disfrutaba mucho”, rescató García del arcón de los recuerdos.

A lo largo de treinta años, el relato de Luis va presentando distintas etapas o épocas que iba experimentando el balneario como centro de miniturismo.

“La explosión se da cuando Newbery participa del torneo nacional de fútbol, comenzando a llegar gente de Rosario que se quedaban toda la semana”, recordó y agrega: “cuando se llegaba en los años ´78-´80, a la laguna que era sinónimo de alegría, había veintidós locales, dos restaurantes en cada punta, estaba el Playa Sol, la calesita de Bucca con sus metegoles, la pista de los hermanos Peries, los dos trencitos de José al que se suma después el de Kriskow, las peñas, los churros de Gamazo, Carini con la carne, yo con la pesca y los recuerdos de Junín. Había clientes para todos”, va describiendo Luis y a medida que lo hace parece que por sus ojos –como si fuera una película- van desfilando las imágenes de la época en que a la Laguna de Gómez se la conocía como “Balneario”.

“Era un centro de cultura y social”- rememora una época en que los mismos comerciantes hasta tenían que facilitar sus autos a manera de “ambulancia” para trasladar a un ocasional visitante que sufría un accidente u oficiar de albergue ante una tormenta. “Era más familiar”, graficó.

Entre las páginas de esos recuerdos también se encuentra el trágico tornado de Semana Santa de 1989 cuando fallecieron al menos dos personas y los García junto a los hermanos Tarasewicz –que aportaron un grupo electrógeno-, Curá con una motosierra sumados a Carena, salieron en búsqueda de personas para rescatar, apoyando a los equipos de auxilio.

No era competencia comercial lo que imperaba en ese momento, porque en una época los veinte comerciantes habían hecho una cooperativa y así efectuaban compras de mercaderías en conjunto, lo cual ayudaba a abaratar los costos. “Nosotros brindábamos hospitalidad. Ahora todo es más frío”, sentenció Luis para quien sería necesario que la laguna recuperara el espíritu popular y para ello opinó que “debe darse lugar a todo el mundo. De rotonda a rotonda yo haría una avenida con locales de distintos rubros, bien armados, estéticamente arreglados, abrir los caminos para permitir ingresos directos, por ejemplo, detrás del Club de Planeadores para quienes vienen del lado de Nueve de Julio y desde la ruta 188. Que se conforme un lugar similar a Villa Gessel o Pinamar”.

Los temas nacionales y su influencia

Rosario, Villa Constitución, San Nicolás, Pergamino, Bragado, distritos de la zona. Capital Federal y Gran Buenos Aires, aportaban visitantes a la laguna.

La laguna, como todo centro turístico, también sufrió influencia de los vaivenes políticos y económicos del país. “Nosotros trabajamos mucho con empleados de Somisa y Acerías Bragado, por ejemplo, antes del menemismo, y luego todo cambió en la década del ´90”, señaló Miguel a lo cual apuntó Luis que “desde el ´76 hasta 1984-´85 hubo un pico muy alto de afluencia y a partir de allí, sin dejar de ser bueno, comenzó a decaer”.

“Después se levantó un poquito, pero ya no fue lo mismo”, añadió.

La transformación

“Todo comenzó en la última época del intendente Abel Miguel –recordó Luis García- Vízcaro, director de Turismo de aquel tiempo, trajo un proyecto de El Bolsón, con menos locales y construidos en madera, todo lo contrario a la idiosincrasia local. Con buen tino, Abel Miguel se da cuenta que eso no era para acá, pero al ganar Mario Meoni esta idea tuvo éxito y de 20 a 22 locales, pasaron a dos, nada más, comenzando así un monopolio. Antes había opciones”.

A esto se agregó el Camino Costero, “alentándose un turismo más elitista, pero con poco gasto, excluyéndose a los sectores populares, que eran los que más gastaban. La familia desapareció y todo se hizo para “gente careta”, opinó García quien recordó que los 20 locales eran “patrimonio de la Laguna. En el año 1994 se hizo un contrato con la Municipalidad y se levantaron comercios de material cada uno de ellos con baños para damas y caballeros. El arquitecto Roselli fue quien lo controló. Pero todo eso se cambió por dos locales de madera y se terminó todo”.

“De golpe y porrazo –siguió contando- nos tiraron todo abajo, a pesar de haber acordado una prórroga. Todo lo mío, seis o siete heladeras, vitrinas, bombeadoras y otros elementos, los sacaron, atados a una camioneta y llevado a la rastra a un galpón a la intemperie”. Así, de esta manera, tan trágica como la describió Luis se puso fin a una etapa que marcó una época de la Laguna de Gómez que la sintetizó de esta manera: “Antes era más alegre, más popular. Luces, tres trenes, la “Barra de Pancho”, las películas de Porcel y Olmedo, la calesita de Bucca, música en distintos géneros y era un paseo muy aceptado por la gente, de rotonda a rotonda”.

Pancho Melatini “El abuelo del rock”

Por el negocio de los García pasaron muchos personajes juninenses y de relieve nacional. Pancho Melatini fue uno de los que solía ir periódicamente desde el colectivo donde vivía hasta el lugar de los locales. Inclusive el mismo Luis hizo varios dibujos de la figura de este siempre recordado y muy querido personaje.

Anécdotas a miles surgen de la memoria que lo pintan a Pancho de cuerpo y alma de mil maneras. Una de ellas relata que en oportunidad de una visita a Junín de Papo –allá en los primeros años de su trayectoria artística- junto a Riff, en 1980, quienes al verlo con su atuendo: pantalón ajustado, remera roja, barba blanca, pulseras, lo bautizaron “El abuelo del rock”.

Las historias del ayer siguen emergiendo de la memoria, con hechos hasta desconocidos por muchos juninenses, como aquella vez cuando unos desconocidos tomaron una serie de medidas con vistas a la construcción de un servicio de aerosillas, allá por 1977, que todo terminó siendo un gran “bluff”.

Otro recuerdo, ya no tan grato, es en oportunidad de una visita que hizo el gobernador de facto Iberico Saint Jean cuando luego de ser llevado en recorrida tras comer un asado con el entonces intendente Roberto Antonio Sahaspé y otros jefes militares, no le gustó nada al general lo que estaba viendo y ordenó que todas las casillas sean derribadas porque la consideraba una “villa miseria”. Orden que obviamente, nunca fue cumplida.

Y siguiendo con esto de desempolvar recuerdos, los hermanos García también mencionaron la oportunidad en que el locutor Antonio Carrizo llegó buscando un libro de Luis B. Negreti, quien supo volver dos o tres veces.

Ortelli, el “Muñeco” Gallardo, “Los redonditos de ricota” en sus orígenes acompañados por Gaby Azconzabal, Argentino Luna, Juanjo Domínguez a quien Luis le regaló un dibujo donde lo retrató, fueron algunos de los que pasaron por el local tradicional y hasta Eduardo Duhalde en oportunidad de ser gobernador se hizo una escapada en secreto a la laguna para disfrutar de uno de sus pasatiempos: la pesca.

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