*Atrapados en la gran telaraña

Parece haber pasado sin éxito la posibilidad de restablecer la coalición, herida profundamente por las elecciones del 12 de junio. Escenario de gran diversidad en la oferta, el 23 de octubre ahora aparece como más atractivo. La telaraña sin salida radical. El peronismo infla el pecho. UNE recalcula.
La diversidad en la oferta electoral por ahora prevalece en el distrito capitalino, y esa fragmentación –que no tiene nada de malo, sino, tal vez, sea positiva- torna más atractiva a la compulsa ciudadana que elegirá nuevo intendente para el período 2011-2015. Al mismo tiempo, diluye un tanto, sin quitarle importancia ni las mejores posibilidades, la expectativa triunfalista que sostienen los dos candidatos mejor posicionados en las encuestas, ambos diputados nacionales: José Brillo, del MPN, y Horacio Quiroga, de NCN.

La última semana se exhibió la profundidad de la herida dejada por el fracaso en los comicios provinciales del (ahora ex) Frente Neuquino. No hubo acuerdo, pero fundamentalmente porque el peronismo kirchnerista montó un gran escenario engañoso, con algo de simulación. La puesta en escena porteña, con Oscar Parrilli recibiendo como un gurú generoso a Martín Farizano, Darío Martínez y Mariano Mansilla, tenía un final escrito de antemano.

Parrilli no hizo una gestión para intentar soldar las piezas separadas tras el cimbronazo del 12 de junio, sino que prestó el gesto para convalidar, por la vía del absurdo, la candidatura de Martínez, enancado en la avasallante ola de votos conseguida por Cristina Fernández en las primarias del 14 de agosto.

Subordinar una vez más el PJ a la UCR en Neuquén, hubiera sido validar el fracaso del 12 en contraposición al triunfo del 14. Exaltar la derrota como una victoria nunca ha sido parte de la filosofía peronista, sobre todo cuando puede atribuirle esa derrota a un tercero, un extrapartidario, en fin, casi un nadie cuando se trata de levantar los impiadosos símbolos de la patria peronista, tal vez el símbolo más autoritario y ostentoso que ha imaginado nuestra historia.

El radicalismo quedó atrapado dentro de la telaraña que sus propios dirigentes habían tejido. No tiene salida de ese hilado asfixiante. El único camino para salir de él no ofrece la gloria, sí una probable asunción de culpabilidades, y un prácticamente inevitable barajar y dar de nuevo, con el viejo mazo de cartas marcadas entre aciertos y errores.

Cuando la UCR fijó fecha de internas para el 28 de agosto, y perseveró con la candidatura a la reelección de Farizano, y no logró bajar en negociación a Néstor Burgos ni modificar esa fecha opresora para cualquier acuerdo, quedó encerrado en su ovillo, sin que nadie tuviera la punta para desenredarlo. No tuvo en cuenta la pérdida de poder real que implica perder una elección, ni la circunstancia de que aunque la derrota le pega a todos, siempre golpea con mayor fuerza en la cabeza del general que comandó la batalla.

Los radicales se miran entre sí y piensan que la UCR sola no tiene mayores posibilidades. Pero tampoco pueden permitirse ir a la cola del PJ. Sería insólito que el actual intendente, que fue candidato a gobernador este mismo año, se bajara.

Martínez y compañía terminó de insuflar aire en el pecho después de las primarias del 14 de agosto. Miró a su compañero de partido Alberto Ciampini, miró los 20 puntos de diferencia que le pudo sacar el PJ al MPN, observó el triste desempeño en las urnas de la UCR, y ya no tuvo ninguna de las pocas dudas que le quedaban.

UNE hizo más o menos lo mismo. Sin posibilidad de una interna abierta entre socios o ex socios, su sumisión a una fórmula implicaría un paso atrás para su propia mecánica de crecimiento. Expondría a la debilidad la imagen de su propio candidato, ya que bajarse de la candidatura no sería leído como un acto de renunciamiento heroico, sino como una confesión de ser menos importante. Es lógico: mejor presentar la batalla, encontrar algún nuevo socio en ese cometido, volver a las fuentes revitalizando las fuerzas políticas más corridas a la izquierda y el populismo. Mansilla, que hizo gala siempre de un fuerte pragmatismo, le abrió una ventana a la reconquista del espíritu ideológico iniciático como forma de enfrentar una coyuntura muy difícil. Competirá, pues, sin parasitar organizaciones de la política tradicional en octubre.

Las elecciones próximas en la capital neuquina, así las cosas, se encaminan hacia la diversidad y las polarizaciones relativas. El Nuevo Compromiso Neuquino de Quiroga irá con su propuesta, el MPN insistirá con su capacidad de gobernador, con Brillo; UNE llevará a Mansilla y se verá qué pasa con Mercedes Lamarca y Libres del Sur, que podría o no mantenerse como tal o asociarse a UNE.

Farizano, por ahora, no tiene más salida que ir como candidato a la reelección con la boleta de la UCR. Durante la semana, las versiones que lo indicaban como dejando a ese partido sin candidato a intendente para ser el primer concejal de una colectora del Frente para la Victoria, fueron desmentidas casi con horror.

Darío Martínez hace todo, en estos días, por ser el candidato que participe del terceto político que puede figurar en el podio. Todo el poder de la simbología neo peronista del kirchnerismo será utilizado.

El tablero se va completando de a poco. La batalla por la capital está comenzando. El final es aún incierto. Conviene no hacer predicciones simplistas. Se ha demostrado ya, con holgura, que la voluntad popular no se engaña ni se compra, sino que en todo caso, se convence.

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