Los ataques de pánico son cada vez más frecuentes entre los argentinos

Entre el 6 y 8% de la población los sufrió alguna vez. De aparición repentina y súbita, este trastorno genera múltiples síntomas que a menudo pueden ser confundidos con otras patologías.
De acuerdo con lo que marcan diversos relevamientos, entre el 6 y 8 por ciento de la población local sufrió alguna vez un ataque de pánico.

De hecho, esta sintomatología, que se caracteriza por tener múltiples causas así como también un componente de predisposición genética combinado con factores psicosociales, es cada vez más frecuente entre los argentinos. En el grupo de los más afectados se cuentan quienes tienen entre 30 y 50 años.

Su incidencia es tal que, según los especialistas, cada vez es más frecuente que una persona consulte por trastornos de ansiedad por pánico tanto en consultorios psicológicos como médicos.

Más precisamente, los ataques de pánico suelen ser motivo de consulta entre los cardiólogos debido a que la taquicardia -síntoma característico de esta patología- suele confundirse con otras afecciones, razón por la cual se genera en quien la padece una sensación de miedo, angustia y confusión aun mayor.

"Un ataque de pánico es un síndrome que se vivencia como una sensación de miedo o terror intenso, así como también mediante sensaciones de descontrol e ideas de desmayo o muerte inminente. Por lo general, este trastorno se presenta súbitamente, aunque en personas genéticamente predispuestas", refirió la licenciada Adriana Alonso (M.N 42.993), psicóloga, especialista en Psicocardiología de la Fundación Cardiológica Argentina (FCA).

"Esta situación, también conocida como crisis de ansiedad, ya que pertenece al grupo de los trastornos de ansiedad, se presenta mediante episodios que comienzan repentinamente y con síntomas que duran un tiempo. Los momentos de tensión, que pueden prolongarse entre 10 y 20 minutos suelen repetirse inclusive varias veces por día. Durante estas crisis, la reacción física es similar a la que se desarrolla ante un peligro real, con la diferencia que en este caso es desencadenada en ausencia de una amenaza concreta", agregó la licenciada.

Justamente, la reiteración es uno de los puntos negativos del ataque de pánico, debido a que quien lo sufre vive con la constante sensación de que ese miedo se repetirá.

"Por eso, la persona que sufre un ataque de pánico, luego de ese episodio, comienza a alejarse de a poco de todo aquello que se asocie a su malestar. En este sentido, cuanto una persona sufrió una situación traumática en un lugar rodeado de gente, seguramente querrá evitar las grandes concentraciones de personas y los lugares cerrados. El problema es que cuando esta conducta se lleva al extremo, el miedo pueden controlar la vida favoreciendo el aislamiento y generando una disminución en la calidad de vida", detalló la licenciada Alonso.

Respecto de la periodicidad y la frecuencia de estos episodios, si bien aseveró que "en las grandes ciudades suele haber una mayor incidencia de ataques de pánico", el doctor Roberto Sivak (M.N.53.927), médico psiquiatra y psicoterapeuta, especificó: "En algunos casos es posible que la población esté un poco sugestionada, y por ende tienda a confundir una crisis de pánico -un cuadro que requiere una consulta por guardia, así como también la administración de medicación- con un episodio de angustia menor".

"Esto quiere decir que el trabajo más importante es el de identificación", remarcó el especialista.

El diagnóstico

Según los lineamientos del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales IV (DSM-IV por sus siglas en inglés) es posible diagnosticar un ataque de pánico cuando la aparición temporal y aislada de miedo o de malestar intenso está acompañada de 4 o más síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión dentro de los primeros 10 minutos.

Entre éstos síntomas, se encuentran la taquicardia o elevación de la frecuencia cardiaca, los temblores o sacudidas, la sudoración en manos y pies, la sensación de calor o frío repentinos, el hormigueo o adormecimiento de extremidades inferiores y superiores, el temor a perder el control, la inestabilidad, los mareos y los desmayos.

También integran la lista la sensación de atragantarse, el miedo morir repentinamente, la opresión o malestar torácico, el ardor en la zona del pecho, la sensación de irrealidad o despersonalización, el malestar estomacal y las náuseas.

"Cuando una persona cree que está por sufrir un ataque de pánico es recomendable que se tranquilice y concentre en pensamientos positivos. Igualmente hay que recurrir siempre a un profesional de la salud que pueda encargarse de la estabilización del paciente y sus angustias, para que éste entienda por qué se desencadenan estos episodios y cómo hacer para evitar que se repitan", finalizó la licenciada Alonso.

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