Estudiantes islamistas ocuparon y saquearon la sede diplomática durante horas; enérgica condena mundial
TEHERAN.- Centenares de encolerizados manifestantes islamistas iraníes ocuparon y saquearon ayer la embajada y ex residencia británica en Teherán durante varias horas, en protesta por las nuevas sanciones aprobadas por Occidente contra el régimen iraní por su controvertido programa nuclear.
El violento asalto despertó una enérgica condena internacional y la promesa de "serias consecuencias" por parte del gobierno británico de David Cameron, que calificó los hechos de "indefendibles" y "ultrajantes", y urgió a todos sus ciudadanos en Irán a "quedarse en casa" y "mantener un perfil bajo".
La cancillería iraní, por su parte, "lamentó" lo ocurrido y prometió que los autores de los saqueos serán llevados ante la justicia.
El ataque, que hizo recordar al perpetrado contra la embajada norteamericana en 1979, ocurrió dos días después de que el Parlamento iraní aprobó un proyecto de ley que reduce las relaciones económicas y diplomáticas con Gran Bretaña, en represalia por las nuevas sanciones contra el régimen decididas por Londres, en forma conjunta con Washington.
Al grito de "¡Muerte a Inglaterra!" y "¡Fuera el embajador!", centenares de manifestantes, que los medios de comunicación oficiales identificaron como "estudiantes basij" (milicia islamista), se congregaron ayer por la tarde frente a la sede de la embajada británica para repudiar las nuevas sanciones de Londres.
Pero lo que iba a ser una simple manifestación de condena contra las "políticas hostiles británicas" se transformó en una batalla campal cuando los estudiantes se negaron a desalojar el lugar.
Luego de quebrar rápidamente la resistencia de la policía antimotines, los manifestantes ingresaron en dos oportunidades en la embajada, donde arrojaron bombas incendiarias y piedras, rompieron ventanas, quemaron documentos y reemplazaron la bandera británica por la iraní.
Según informó la agencia de noticias Mehr, los funcionarios y empleados del lugar escaparon por una salida lateral que tiene el edificio. Las agencias locales había afirmado inicialmente que en la embajada había por lo menos seis rehenes, pero más tarde el Ministerio de Exteriores británico lo desmintió.
En forma paralela a este asalto, unos 200 estudiantes irrumpieron en el parque Qolhak, donde estaba la antigua residencia diplomática británica, y sustrajeron documentos "secretos" vinculados con actividades de "espionaje", según reportó la agencia IRNA.
Luego de varias marchas y contramarchas, por la noche las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos y lograron finalmente evacuar a los manifestantes de ambos lugares, e informaron que hubo numerosas detenciones.
El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní dijo anoche que lamenta "el comportamiento inaceptable de un pequeño número de manifestantes, pese a los esfuerzos de la policía".
El régimen, asimismo, insistió "en el compromiso de la república islámica de proteger los edificios y el personal diplomático" y afirmó su "respeto por las reglas internacionales y la inmunidad de los edificios diplomáticos".
"Por supuesto, el asunto tendrá consecuencias judiciales", añadió.
También el jefe de la policía de Teherán, el general Hosein Sadjedinia, declaró a la agencia Fars que se había abierto una investigación y que "las personas que entraron en la embajada serán entregadas a la justicia".
Pese a las disculpas del régimen iraní, el canciller británico, William Hague, advirtió ayer que "aunque Teherán haya dicho que siente lo ocurrido y que tomará medidas, eso no quita que este asunto constituye un gravísimo error del gobierno iraní" y habrá "otras consecuencias, y graves".
El ataque suscitó una unánime condena internacional. El presidente norteamericano, Barack Obama, calificó de "inaceptable" lo ocurrido, al igual que Francia, mientras que Italia lo tildó de "intolerable" y Rusia, de "invasión ilegal".
Para la jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton, se trató de una "incursión totalmente inaceptable". El Consejo de Seguridad de la ONU, por su parte, también condenó "en los términos más duros" los ataques, según una declaración acordada por los 15 países miembros.
Tensión en aumento
La tensión entre Irán y Gran Bretaña ha ido en aumento desde hace días. El domingo pasado, el Parlamento iraní votó una ley que reduce las relaciones diplomáticas al nivel de encargado de negocios y prevé la expulsión del embajador británico en un plazo de dos semanas. Con inusual rapidez, el Consejo de Guardianes (una especie de Cámara alta designada) ratificó anteayer esa medida.
Esta decisión fue adoptada en represalia por las nuevas sanciones económicas contra Irán decididas por Gran Bretaña, junto con Estados Unidos y Canadá, después de la publicación de un informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que puso en evidencia las sospechas occidentales de que Irán estaría trabajando en la fabricación de un arma nuclear, a pesar de sus desmentidos.
El asalto de ayer a la embajada británica recordó el que se produjo contra la representación norteamericana en noviembre de 1980, seguido del secuestro de 52 diplomáticos que fueron retenidos durante 444 días, que provocó la ruptura de relaciones entre Teherán y Washington.
Al igual que entonces, los manifestantes calificaron la embajada británica de "nido de espías" y afirmaron haber hallado "documentos confidenciales de espionaje".
Agencias AP, AFP, EFE, DPA y ANSA .


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