La oposición criticó el discurso, al que califició de "agresivo", pero algunos dirigentes lo elogiaron
Por Silvia Pisani |
WASHINGTON.- Tal vez le hubiese gustado prolongar un instante más la celebración. "Déjenme que mire esto una vez más", pidió Barack Obama anteayer, antes de despedirse de la marea humana que, congregada al pie de la colina del Capitolio, lo acompañó en la jura de su segundo mandato.
Pero, apenas recogidas guirnaldas y banderas, el presidente norteamericano se zambulló ayer en los asuntos urgentes, entre ellos, las negociaciones por el techo de deuda y la inquietante reaparición de la red terrorista Al-Qaeda en el norte de África.
El único alivio fue la creciente posibilidad de que tanto él como sus adversarios republicanos moderen posiciones y se llegue a un acuerdo para una pausa de cuatro meses en la crisis de deuda pública que tiene en vilo a las cuentas públicas.
"Puede que se acuerde elevar el techo de deuda por cuatro meses mientras siguen las negociaciones", admitió ayer el vocero presidencial Jay Carney. "Es una buena noticia", opinó, por si alguien no lo veía de ese modo.
Tras una coreografía de jura que duró 24 horas -entre el breve discurso, las invocaciones religiosas, el largo desfile y la mezcla de brindis con bailes populares- la administración volvió a la normalidad.
Obama atendió su agenda, como todos los días, y -en su condición de vocero presidencial- Carney volvió a hablar con los periodistas, como hace en cada jornada.
La rutina regresó, también, con la división de opiniones sobre el discurso con el que Obama delineó una agenda progresista y evocó a la Constitución y a las posibilidades de futuro como incentivo para impulsar un cambio político que modernice el país y reconozca sus transformaciones sociales.
En una gran mayoría, el llamado presidencial cosechó elogios. Otros, pusieron matices. El diario conservador The Wall Street Journal dedicó su titular a caracterizar como "agresiva" la agenda presidencial.
Entre los republicanos, en tanto, las reacciones fueron diversas. Una gran mayoría guardó silencio. Otros cuestionaron abiertamente una agenda a la que interpretaron como "parcial, digna de campaña electoral y no de discurso a todo el país y discriminatoria" contra las posiciones conservadoras.
"Me hubiese gustado que el presidente fuera capaz de elevar un poco la mira", disparó su derrotado ex contendiente por la presidencia, John Mac Cain. "«Me gustaría trabajar con ustedes» es una frase que faltó en la intervención", añadió el senador por Arizona.
Más extremo estuvo el también derrotado ex candidato a la vicepresidencia, Paul Ryan. "Lo que hizo Obama fue tergiversar nuestros argumentos", reprochó el senador por Wisconsin, que aseguró que el presidente hace eso porque, en el fondo, "tiene cola de paja" al exponer sobre cuentas públicas.
Buena parte de las críticas se expresaron a través de la cadena de televisión Fox, a la que se le atribuye identificación con una línea más conservadora. "Lo de Obama fue una oda al gasto público", caricaturizó uno de sus comentaristas estrella, Charles Krauthammer.
Pero otros republicanos elogiaron el discurso. "A mí me pareció bueno", sostuvo el ex precandidato presidencial Newt Gingrich, quien es reconocido por sus pares por no amilanarse a la hora de ir contra la corriente. "No creo que haya sido algo muy extremista, al contrario", añadió el ex líder de la Cámara de Representantes durante la era Clinton.
A diferencia del ex presidente George W. Bush, Gingrich figuró entre los republicanos que asistieron a la jura. En su caso, soportó una ligera silbatina, que fue acallada desde otros sectores del público que reaccionaron contra la agresión. Nada de eso pesó en su ánimo, a la hora de elogiar, luego, el discurso de Obama.
Ajeno, posiblemente, a todo eso, el jefe de la Casa Blanca se zambulló ayer en los asuntos más urgentes de gobierno.
Entre ellos, la elevación del tope de la deuda pública, que la Cámara de Representantes prevé votar hoy, así como las derivaciones del reciente caso de muerte de tres norteamericanos en una toma de rehenes, en una planta de gas en el desierto de Argelia, en lo que se proyecta como una inquietante reaparición del terrorismo de signo islamista.
Se espera que esta semana deje su cargo el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, mientras que en las próximas horas están pautadas audiencias en el Senado para la asunción de nuevos ministros, entre ellos, el nominado secretario de Estado, John Kerry, que reemplazará a Hillary Clinton.
Más discretamente, la administración avanza en la redacción de una propuesta de reforma del sistema migratorio, que Obama podría anunciar en el discurso del Estado de la Unión, el próximo 12 de febrero..




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