Los comicios regionales, legislativos y presidenciales que se celebraron o se aproximan en varios países revelan nuevos procesos: la izquierda opaca a Evo; un matemático desafía a Uribe y Serra busca apoyo en las filas de Lula
Matemáticos vs. Uribe
En Colombia, el presidente Álvaro Uribe no consiguió obtener la habilitación de la Corte para intentar un tercer mandato en las próximas elecciones del 30 de mayo. Impedido de festejar un triunfo que tenía prácticamente garantizado, Uribe nominó como candidato a sucederlo a su ministro de Defensa Juan Manuel Santos, una figura clave en la implementación de la política de ‘seguridad democrática’ uribista y artífice de los operativos militares que vienen diezmando a las FARC, entre ellos el rescate de Ingrid Betancourt y la muerte de "Tirojifo".
Santos llega envalentonado con el triunfo, el mes pasado, de su Partido de la U que logró mayoría en las legislativas. Y está convencido de ganar en primera vuelta, pese a que los últimos sondeos le dan 37% de intención de voto, frente al 50% que necesita para no ir al balotage.
Pero hace apenas 10 días un nuevo elemento irrumpió en el escenario electoral colombiano. El inesperado acuerdo político de los ex alcaldes de Bogotá, Antanas Mockus, y de Medellín, Sergio Fajardo –ambos independientes, matemáticos de profesión y con gestiones públicas exitosas– para ir unidos a la elección presidencial por el Partido Verde sorprendió a todos y sacudió una campaña que muchos tildan de aburrida.
Mockus no ha parado de crecer en las sondeos y amenaza con sacarle el segundo puesto en las encuestas a la candidata del Partido Conservador, Noemí Sanín, lo que le abriría una posibilidad ante una eventual segunda vuelta. Pero en este punto las apuestas están divididas.
El analista Juan Felipe Cardona considera que Mockus y Fajardo representan "la nueva política" pero, por eso mismo, no cuentan con el aparato necesario y tienen poca presencia en los ámbitos rurales. "Que se unan garantiza una suma de votos, pero no quizá que logren más afectos entre el electorado uribista, conservador o incluso liberal", sostiene Cardona.
Evo y los "sin miedo"
También hubo sorpresa en las elecciones regionales que Bolivia celebró el pasado 6 de abril. El presidente Evo Morales y su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), tuvieron que digerir sin más el golpe a su hegemonía que no vino de parte de la "oligarquía neoliberal" contra la que el mandatario suele despotricar, sino del Movimiento sin Miedo (MSM), una formación fundada en 1999 por el alcalde saliente de La Paz, Juan del Granado, y otro puñado de líderes de la izquierda boliviana, que logró en las urnas imponerse al MAS en sus mayores bastiones electorales del occidente boliviano: La Paz y Oruro.
El Movimiento Sin Miedo fue hasta principio de este año un aliado del gobierno, con el que rompió definitivamente denunciando "la peligrosa tendencia hegemónica, sectaria, excluyente y centrista" en el partido gobernante. Concretado el divorcio, los dirigentes del MAS y el propio Morales insultaron a los "sin miedo", acusándolos de "traidores" y "corruptos".
Después de Lula
El líder opositor José Serra, candidato favorito en Brasil, amplió en estos días la ventaja a diez puntos (38% vs. 28%) sobre la ex guerrillera Dilma Rousseff, la delfín de Lula para las elecciones del 3 de octubre. Lula ya ha sido multado por usar el estrado presidencial para hacer campaña a favor de su ex jefa de Gabinete, pero aún así le está costando trasmitirle su popularidad y carisma. El ex gobernador de San Pablo y candidato oficial del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) está confiado en que podrá mantener la delantera y ganar, sino en la primera, en una eventual segunda vuelta. Las encuestas respaldan hasta ahora su esperanza. Pero el núcleo duro de su comando apuesta a no aflojar ni ceder un milímetro el ritmo de su candidatura. Con este fin, los tucanos (como se los conoce a los del PSDB) negocian entre bastidores el apoyo de varios partidos menores, incluidos algunos que actualmente son parte de la base de apoyo al gobierno de Lula, como el Partido Progresista.
Chavistas arrepentidos
El ‘Socialismo del siglo XXI’, como la bautizó el propio Hugo Chávez, viene sufriendo una serie de deserciones de dirigentes que podrían convertirse en la ‘espada de Damocles’ del bolivariano. El general venezolano (R) Alberto Muller, uno de los ideólogos del PSUV y uno de los hombres de mayor confianza de Chávez, renunció el mes pasado harto de que el comandante no lo escuche. Lo mismo hicieron otros ex ministros y aliados del presidente que formaron un grupo llamado Polo Constitucional y abiertamente pidieron la renuncia de Chávez por considerar que "no tiene legitimidad ni capacidad para gobernar". En estas semanas, intelectuales y activistas de la vieja izquierda asociados al chavismo también rompieron el silencio y criticaron el personalismo y la arbitrariedad de Chávez.
El bolivariano pondrá a prueba su apoyo el 26 de septiembre próximo, cuando se celebren las elecciones para renovar la Asamblea Nacional.





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