En el comienzo de clases, además de haber pocos ausentes, la mayoría fue muy puntual.
“De los de 970 chicos que tenemos inscriptos para este ciclo lectivo más de 850 vinieron al primer día de clases” aseguró la secretaria del Escuela Superior Sarmiento. En este mismo sentido las maestras de varias escuelas aseguraron que la mayoría de los alumnos dieron su presente de manera puntual y sobre todo estuvieron muy alegres.
De esta forma y a la hora prevista por las autoridades, es que cada escuela empezó su actividad. Repartieron a los chicos en los grados. De esta forma a algunos alumnos les tocó maestra nueva y también se encontraron con compañeros que no conocían y así en medio de presentaciones dieron el puntapié inicial a la educación.
Con sus guardapolvos, útiles nuevos y sus cuadernos recién forrados los chicos disfrutaron con todo el primer día de clases. La alegría por la vuelta a las aulas los revolucionó sobre todo en los minutos de recreo. En ese momento tan esperado y especial, los juegos y el reencuentro con algunos amigos de la escuela, fue el denominador común.
Después del timbre para el recreo, la tranquilidad de los pasillos vacíos se transformó por completo. Los nenes y las nenas corrían. Hacían una larga cola en el quiosco de la escuela para comprar la merienda o para entrar al baño. Mientras que otros optaban por jugar y divertirse. Así algunos varones improvisaron un partido de fútbol, y con una botella, que simulaba ser una pelota, corrieron tras ella hasta que nuevamente sonó el timbre para volver al aula. En tanto las nenas, un poco más tranquilas, que los varones, se divirtieron (durante los cortos minutos) jugando a la pilladita, simplemente conversando, o prestándose sus nuevos lápices de colores.
“Tenía muchas ganas de volver a la escuela” dijo Candela de tercer grado de la Escuela Antonio Torres, mientras que su inseparable compañera Ana Paula, aseguró que tenían mucha tarea pero que igualmente “está rebueno”.
Mientras que adentro de la escuela todo era juego y repaso de tareas del año anterior, los papás parecían montar un campamento en la puerta. Esperando la adaptación, sobre todo los más chiquitos, algunos papás espiaban por las ventanas, tomaban mate y conocían a los otros padres.
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