¿Signo de fortaleza o debilidad?

Por Ricardo Kirschbaum

La pregunta es si la amenaza de nacionalizar YPF es una muestra de fortaleza del “modelo” o, por el contrario, un indicador de las dificultades que enfrenta . Una respuesta a ese interrogante tiene que ver con el contexto y con el relato épico que ha construido , con eficacia en el corto plazo. El mismo relato que les permite presentar como un triunfo el retroceso que han tenido que meter con el proyecto minero de Famatina.

Otra vez, la necesidad política coyuntural se impone a cualquier proyecto a largo plazo y esa extrema sensibilidad a los movimientos críticos de su tropa propia, como en el caso de Famatina, les hizo meter marcha atrás en un tiempo en el que los problemas acumulados están apareciendo uno tras otro .

Néstor Kirchner, como otros gobernadores de la “década maldita” de los ‘90 aplaudió la privatización de YPF y el ingreso de Repsol. En su norte político, entonces, estaban las regalías que ingresaron a Santa Cruz y que, luego, tanto dieron que hablar tanto por su destino como por su utilización . Ambas cuestiones han sido tabú en los años de su Presidencia y lo seguirán siendo, habida cuenta de la renuencia que tiene el kirchnerismo en rendir cuenta públicamente de sus actos.

Ahora, la necesidad política ha mudado aquel discurso a otro: la nacionalización de la mayor petrolera es una bandera que recoge múltiples adhesiones emocionales .

Presentarla como una nueva “batalla del petróleo”, como ocurrió con Frondizi, presidente que Kirchner decía admirar , es por lo menos una exageración del “relato”.

Se ha dicho, en estas páginas, que la producción de petróleo está cayendo desde finales del gobierno de Menem y la de gas, desde el primer año del gobierno de Kirchner.

Argentina pasó de ser un país productor de petróleo y gas a importarlo a mano llena , pagando afuera mucho más de lo que le abona a las provincias petroleras.

Sus gobernadores, sin embargo, se han plegado a la presión sobre YPF .

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