Roberto Dromi: El ex ministro de Carlos Menem presentó en Epoca una serie de medidas para el futuro poder. Dice que los mejores ejecutores serían “Ernesto Sanz, Kirchner y el socialismo”.
—La propuesta que ustedes lanzaron, plasmada en el libro, ¿pensando en qué político o partido se realizó?
—La idea siempre fue comprometer a todos los factores de poder de la Argentina. Ahora, sin dudas que se pensó en el radicalismo, en el peronismo y en el Partido Socialista, principalmente. Pero sería bueno que adhieran todos, desde el Partido Obrero hasta los vecinalistas. Esto no es una propuesta para la oposición, como se dijo por ahí. Es un plan para el que quiera llevar adelante políticas de Estado a largo plazo, de una vez por todas.
—Habla de partidos pero da nombres de personalidades.
—Bueno. Al radicalismo de Ernesto Sanz lo veo en esta corriente. El propio Néstor Kirchner. Pero cuando armó el Frente para la Victoria se olvidó de que eso no es una tropa propia para un combate. La victoria de ese frente debe ser de todos los argentinos y profunda. De todas formas, creo que instalado en el PJ y ampliando la convocatoria en 2011 lo puede lograr. Pero el socialismo, aunque no tenga a las mayorías, es el que está mejor parado.
—¿Cuál sería el pilar de esa propuesta?
—La educación con responsabilidad social empresaria. Que los empresarios se incorporen como uno de los agentes de la promoción de la educación. Y sobre todo los medios de comunicación, que también deben ayudar a educar. Este gobierno avanzó sobre los medios audiovisuales pero solamente sobre la propiedad.
—Es decir que usted estaría de acuerdo con la Ley de Medios impulsada por el Gobierno.
—Me parece un avance, no hay que ser tan mezquinos en las críticas que se le hacen. El proyecto ha tenido una larga etapa de búsquedas de consenso, largos debates, y ya va camino a su ejecución. Pero también es lógica esta confrontación, es natural. No conozco una navegación sin turbulencias. El Gobierno va para adelante y genera reacciones. Gobernar para el aplausómetro es imposible.
—¿Lo dice por su experiencia como privatizador?
—Uh, todavía tengo el eco de los reproches. Pero había muchos negocios creados con proveedores del Estado, obras sociales, sindicatos... Había que hacerlo y se hizo. Punto.
—Y como privatizador, ¿cómo analiza las estatizaciones del actual gobierno?
—No, este gobierno no está en ese proceso de estatización. Lo que están haciendo es ordenando. Y este gobierno tiene la responsabilidad más grande que ha tenido un gobierno en los últimos años en la Argentina. Hay una oportunidad histórica con las commodities. Y el mundo está en una etapa de cambio de era. Hoy el mundo vive una etapa similar a la de los petit Estados medievales en la Italia de Maquiavelo. Y el Gobierno toma distancia de eso y hace una correcta lectura aunque una interpretación diferente del justicialismo.
—¿El Gobierno lo consulta?
—Tengo diálogo con el Gobierno pero también con todos los sectores políticos que están representados en la Escuela. Yo no me puedo casar con nadie porque se me van los comensales de la mesa. Si me consultan, se hace bajo determinadas reglas de confidencialidad. Yo también en mi gestión he consultado, pero lo conté veinte años después. Los secretos de Estado no se deben contar.
—¿Sobre qué temas le piden consejo?
—Y... (piensa). Yo conozco de energía, comunicaciones, transporte, infraestructura, porque me especialecé en estas cosas.
—Me está nombrando todas áreas del ministerio de Julio De Vido...
—... (Se ríe a carcajadas)
—¿No habrá sido usted el que los aconsejó sobre la relación comercial con Venezuela, los fideicomisos, la importación de fuel oil...?
—Noooo. Yo en eso discrepo. La alianza con Hugo Chávez no nos hace bien. Tenemos que ser más plurales. Por otra parte, el problema energético es universal y el Gobierno está avanzando en varias obras para poder resolverlo. Que no haya gas no es culpa del Gobierno.





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