Asesinaron a puñaladas en el Penal a un vendedor de drogas

El cadáver de Claudio Tapia tenía ocho heridas cortantes. Creen que uno de sus compañeros lo mato.
Cuando el médico del Servicio Penitenciario Provincial revisó ayer a once internos que conviven en el pabellón de los condenados por delitos federales, detectó que sólo uno tenía heridas compatibles con una riña, “el Boca de Milanesa”. Por ese detalle, Diego Cartaman es por ahora el único sospechoso de haber asesinado en un patio a un compañero de encierro y de causa, Claudio Esteban Tapia. Tenía ocho puntazos. Uno, que le entró cerca del hueco de la axila, le perforó de un solo movimiento el pulmón izquierdo y el corazón.

Rejas adentro, Cartaman es conocido como “el Viejo”, aunque los policías que le cayeron encima años atrás lo popularizaron con el singular alias que daba referencias de la prominencia de sus labios.

Sentados en el banquillo por una causa por estupefacientes, “el Boca de Milanesa”, Claudio y su hermano menor Federico Tapia y un hombre de apellido Pardo corrieron la misma suerte: fueron sentenciados y enviados a la cárcel. La víctima “estaba aquí desde el 19 de septiembre de 2009 y tenía una condena de cinco años”, precisó el jefe provisorio del Servicio Penitenciario, Omar Luna.

“Uno de los compañeros dijo que en los próximos días Tapia iba a cumplir la mitad de la condena. De ser así, estaba próximo a gozar del beneficio de las salidas transitorias”, dijo una fuente judicial que, además, dijo que el pabellón destinado a los presos por delitos federales no es habitualmente escenario de hechos cruentos. “Usualmente los internos tienen buena conducta”, consideró.

Ayer a las 20, minutos después de concluir la autopsia, el forense Ricardo Torres mostró curiosidad por saber qué tipo de arma podría haberse usado para causar esa lesión, para ver si así encontraba una explicación lo que descubrió en el examen.

Dijo que vista desde afuera la herida tiene un centímetro y medio de longitud. Y que, tras ingresar en la cavidad toráxica, el arma provocó tanto en el pulmón como en la cara diafragmática una lesión de dos centímetros y medio. Conjeturó que esa singularidad –es decir, que la lastimadura sea más pequeña en el exterior y más grande en el interior– podría deberse a que la víctima se movió.

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