El antiguo predio del ferrocarril alberga una comunidad que nació con unas pocas viviendas construidas de cartón, madera y plástico. Sus habitantes plantean la necesidad de acceder a servicios básicos.
Varios voceros de los vecinos, entre ellos Noelia Domínguez, Laura Mesa y el Pastor Nicolás Espinoza dijeron a nuestro diario que "si bien todo esto comenzó con casitas muy precarias, la mayoría de nailon y maderas, eso ha cambiado. Quien más quien menos hoy ha construido su vivienda de material y le va agregando nuevos adelantos. En el asentamiento ya hay 500 familias y son más de 2500 los habitantes, una cifra muy importante como para que nos tengan en cuenta y se dignen en brindarnos los servicios que venimos reclamando desde hace tanto tiempo".
Agregaron que "indudablemente ya no hay terrenos para construir más casas, y es por eso que hay que regular también este problema para evitar situaciones tan difíciles. Nosotros creemos que es hora de que nos otorguen la posibilidad de que lo que estamos haciendo sea de nosotros. Se habla de lo peligroso del asentamiento y nosotros decimos que eso no es así. Es por eso que algunas veces no conseguimos que las ambulancias ingresen al asentamiento o que el camión que recoge los residuos pase únicamente por las calles de circunvalación de la estación ferroviaria".
Apuntaron que "seguimos sin conseguir contar con agua potable bien distribuida o con luz eléctrica; nosotros queremos pagar lo que corresponda, aquí todos estamos dispuestos a hacer un esfuerzo, necesitamos que nos escuchen, no vivir en permanente incertidumbre de que alguien dé la orden que vengan las topadoras y tiren todo esto abajo, algo que construimos con tanto esfuerzo. Aquí tambien viven más de 100 adultos y niños discapacitados que merecen una mejor atención".
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