Aseguran que en Junín se producen cada vez más hechos de violencia a docentes

El desafío a la autoridad de los maestros es constante en las aulas de los establecimientos locales. También hay casos de padres que salen en defensa de sus hijos recurriendo a los golpes y otros ataques contra los educadores.
Maestros y profesores vienen manifestando cada vez con mas frecuencia su malestar por las escenas de violencia a las que se ven expuestos tanto dentro de las aulas, en el contacto pedagógico que sostienen a diario con los alumnos, como fuera de ellas, sea por reacciones de los propios estudiantes o de los padres.

Con el menoscabo de la autoridad del docente como una conducta instalada desde hace tiempo, el desafío para los educadores y para quienes conducen las escuelas juninenses pasa por lograr que no se transformen en costumbre los episodios de agresión física.

“Suceden cada vez más. De tres años a esta parte se ha hecho casi habitual descargar el enojo que puede ocasionar una mala nota o una reprimenda golpeando o empujando al docente, entre otras manifestaciones que ponen en riesgo la integridad física de nuestros colegas”, aseguró María Inés Sequeira, secretaria general de la Unión de Educadores Bonaerenses (UDEB) a nivel distrital.

Aunque es cierto que el tema trasciende las fronteras del partido, la asiduidad con que se vienen observando los ataques a los profesionales de la educación, en los distintos niveles, no deja de ser un dato que conmueve a la comunidad juninense.

De acuerdo con el testimonio de quienes han vivido un conflicto de esa naturaleza, más el relato que aportan otros trabajadores y los dirigentes gremiales, la línea imaginaria del agravio arranca con las malas contestaciones, pasa por insultos y descalificaciones hacia la persona del formador, y suele concluir en arrebatos de violencia física.

Sin decirlo de manera directa, Sequeira atribuyó la persistencia de tanta irritación hacia la figura del docente a que “se perdió el respeto, los chicos no conocen los límites y nadie les inculca que cuando entran a un lugar como el colegio hay reglas de convivencia que deben respetar. Sólo se les recuerda en la escuela, y lo palpan cuando se les aplica una sanción, lo que muchas veces violenta más a los chicos y a los mayores”.

La protección de los directivos

En la esfera nacional, el escenario es presentado de una manera dramática. Tanto es así que de acuerdo con una encuesta realizada a nivel nacional, un 70 por ciento de los docentes dice estar “preocupado” por la violencia de la que son víctimas, mientras que un 48 por ciento se siente “desprotegido” frente a cierta desatención de las autoridades educativas.

A nivel local, esa mirada es compartida por varios maestros y profesores, aunque no se animan a expresarlo delante del micrófono por temor a recibir represalias de sus superiores en los establecimientos donde se desempeñan.

Por su parte, Natalia Alderisi, referente en Junín de la Unión de Docentes de la provincia de Buenos Aires (Udocba), se quejó por la falta de reglas claras para que los educadores sepan de qué manera actuar ante eventuales actos de furia en su contra.

“No hay una reglamentación clara, entonces quedás expuesto a la buena predisposición o interpretación que haga el director de la escuela sobre los hechos ocurridos, y que te ayude a resolver el tema o, por el contrario, te haga un acta acusándote de no saber manejar el curso”, afirmó la dirigente en charla con DEMOCRACIA.

A eso le sumó que los Equipos de Orientación Escolar (integrados por psicopedagogos, asistentes sociales y profesionales para intervenir en situaciones conflictivas) no abundan en el distrito. “Hay uno cada dos o tres escuelas y en cada una tenés veinte problemas, tanto entre alumnos como entre estudiantes y profesores; entonces, cuando lo precisás, no lo tenés, y si te metés entre dos que se están peleando es muy probable que terminés lastimado”, graficó Alderisi.

En otra de sus referencias a este presente de discordia continua que parece vivirse entre los actores que integran la comunidad educativa, la titular de Udocba destacó que el ausentismo de los padres que son convocados es “notable” y la desautorización que los chicos hacen del profesor muchas veces “proviene de la misma desvalorización que hacen los propios adultos”.

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