“Por Néstor”, dijo Juan Manuel Abal Medina cuando la Presidenta le tomó juramento. Y ella le contestó: “Que Dios, la Patria y él te lo demanden”. Politólogo, de 43 años, el joven de apellido ilustre en el peronismo llegó ayer al cargo más importante en el gabinete, apenas cinco años después de haber ingresado al kirchnerismo. Entró de la mano de Alberto Fernández.
Los ministros y secretarios lo consideran una persona amable, obsesiva del trabajo, y un fumador compulsivo: consume tres paquetes por día de cigarrillos negros. Le juró lealtad al kirchnerismo y compartió con Néstor sus últimos meses de vida a su lado, primero como su jefe de despacho en Diputados, luego como su asesor en la secretaría general de la Unasur.
Como todos los que tienen visibilidad, generan amores y odios. Sus detractores lo acusan de ser demasiado leal a sus jefes, sus seguidores le aplauden su lucidez y su dedicación al trabajo. Tiene buena relación con Carlos “Chacho” Alvarez, el ex vicepresidente y líder del Frepaso. Fue su asesor en Diputados y en el Senado y lo llevó a la Universidad de Quilmes cuando Chacho se alejó del poder. Hoy, uno de los ex secretarios de Chacho se convirtió en el suyo: Facundo Nejamkis. Sus pergaminos académicos son indiscutibles. Se recibió de licenciado en Ciencias Políticas en la UBA con diploma de honor y medalla de oro, con un promedio de 9,4, el más alto en la historia de la carrera.


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