Un perro se acurrucaba al lado de unos cajones para soportar el frío del mediodía. Después se mudó al colectivo oxidado que estaba enfrente, mientras un auto aminoraba la marcha frente a unos lomitos de burro amarillos que alguien puso para evitar accidentes.
"Si Botnia no acepta el monitoreo, la idea es volver a la ruta", dijo de repente el asambleísta. No parecía muy convencido. La Asamblea, en realidad, espera señales del Gobierno para no volver. "Estamos confiados en los reclamos oficiales", dijo a LA NACION el coordinador, Roberto Marchesini. Los ambientalistas esperan que la Casa Rosada le exija a Uruguay que acepte el monitoreo de Botnia por dentro. Así podrían mostrar un triunfo parcial para evitar hablar del corte.
Dicen tener una fecha clave: 2 de agosto. Esperan que el Gobierno dé a conocer ese día el resultado de las negociaciones y haga pública su posición. Si no hay respuestas, todavía no hay plan B. En palabras de Marchesini: "No nos gustaría volver a la ruta, pero si nada cambia, todo puede pasar".
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