Razones políticas y personales del más impresionante faltazo de dirigentes, que se tenga memoria, a la apertura del año legislativo.
Quien con más crudeza y acierto lo caracterizó fue una de las principales espadas del oficialismo, el Presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Tanús, el cual, entrevistado por Radio Mitre, se sinceró diciendo que “es un tema que no puedo explicar”.
Para rematarla con una frase de contundencia inapelable: “En un momento tuve hasta preocupación por el quórum”. O sea, se estuvo ante el riesgo cierto de que el año legislativo no se pudiera inaugurar por impedirlo la ausencia mayoritaria de los propios integrantes del Poder Legislativo.
Uno de los organizadores del acto de Hugo Moyano con el cual el 29 de abril se festejó el 1 de mayo dijo -suelto de cuerpo- que la manifestación se adelantó porque los “muchachos” camioneros no son extraterrestres y por lo tanto tienen todo el derecho del mundo a comerse un asadito con la familia el día domingo 1 de mayo.
Con lo cual, en nombre del derecho al asado, el sindicalista nos estaba diciendo que si el festejo se hubiera hecho cuando correspondía, no habría asistido ni el gato.
Haciendo la analogía correspondiente, suena creíble pensar que si el gobernador Celso Jaque hubiera inaugurado el viernes lo que inauguró el domingo, la concurrencia habría sido mayor.
Por otro lado, algunos dirigentes, con una clara confusión entre personas e instituciones, no asistieron porque están enojados con el Gobernador o porque no comparten sus ideas o porque éste no los convoca a dialogar o porque creen no ser respetados por él o porque no tenían ganas de ir o hasta para evitar volver a la casa con el gusto amargo, corriendo así el riesgo de enfermarse del hígado.
Excusas que bajo el manto de una disidencia política lo único que hacen es encubrir una deserción institucional. Pero como hoy las instituciones no les importan a casi nadie, menos que menos a muchos de los que han asumido el deber de encarnarlas, es probable que algunos “disidentes” hayan reunido en un solo haz sus deseos políticos de darle una “señal” al gobernador, con sus ganas de comerse un asadito.
Y decimos eso, porque la mejor señal de crítica al Gobernador es escuchar respetuosamente su discurso y luego darle con todo, con lo que a cada uno le venga en ganas, si así se piensa. No sólo porque lo cortés no quita lo valiente, sino porque para ser valiente a veces primero hay que ser cortés.
Si hablamos en particular del oficialismo provincial, la cosa se pone aún peor. Porque así como no faltó nadie (salvo los que no fueron invitados) a aquella famosa foto del Sheraton donde todos pusieron su facha más pintona porque de ello dependía ser electo candidato a gobernador, a la Legislatura faltaron casi todos, porque la foto importante ya había sido sacada y los candidatos ya habían sido elegidos.
Por lo cual ya no había necesidad alguna de sacarse otra foto que no redundaría en ningún beneficio particular. Mejor, entonces, faltar al recinto para así vengarse de no haber sido elegido después de haber puesto la más bonita cara para la única foto que importó.
En las internas partidarias, Celso Jaque aceptó bajar el candidato a gobernador de su preferencia y quizá hasta deba aceptar bajar la candidatura a diputado nacional que sigue prefiriendo, a cambio de que los suyos no lo dejen solo en los últimos meses de gestión. Pero parece que igual lo están dejando solo. Es que el único olorcito que para el político profesional suele ser más agradable que el del asado, es el olorcito del poder. Y este domingo, en la Legislatura, ese olorcito brilló por su ausencia.
Siempre se habla de que el respeto institucional en Mendoza sigue siendo su rasgo positivamente distintivo. Pero hasta eso hoy parece estar en tela de juicio, al menos por tres razones. La primera, si todo se decide en Buenos Aires, todo lo que se diga en Mendoza son poco más que palabras al viento. La segunda, si la única forma de ser validado en la Argentina actual es a través del caudillismo, cumplir con el protocolo institucional es además de aburrido, inútil. Y la tercera, nada mejor que un buen asado.

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