A días de lanzar un libro que cuenta la trastienda de su gestión, descarta volver a la gestión pública, pero ambiciona liderar un equipo de consulta. Pone énfasis en un plan educativo.
Al mismo tiempo, cree en la necesidad de aprovechar la experiencia, insta permanentemente a “levantar la mirada” y dice que la coyuntura lo “aburre”. También muestra preocupación por el elenco estable de problemas que en Mendoza se reiteran sin solución y se heredan gobierno tras gobierno: promoción industrial, servicios públicos, inseguridad, educación.
El miércoles, en la Enoteca, Lafalla presentará “Utopía y realidad”, el libro que escribió sobre su gestión como gobernador entre 1995 y 1999. Lo hará en una actitud muy distante de la del político en retiro efectivo que publica sus memorias buscando hacer un aporte a la historia, justificar su gestión o lavar su conciencia sobre eventuales daños colaterales de su actuación.
El acto, muy posiblemente, se convertirá en el pretexto intelectual de un lanzamiento político inserto en una convocatoria mayor.
-¿Mendoza está repitiendo sus problemas?
-Sí, porque no tenemos avances significativos.
-¿Cómo califica a este gobierno y a la actual oposición?
-Yo pretendo hacer un aporte, pero más que calificar la actitud de este gobierno o de esta oposición, quiero mostrar que los problemas continúan, siguen casi iguales y no hemos avanzado todo lo que hace falta. Debemos levantar la cabeza y la mirada: acordemos políticas de educación. Veamos cuánto hemos caído, cuánto hemos logrado. Pongamos metas cuantitativas de hasta dónde queremos llegar.
-¿No ayuda en esto el consejo de ex gobernadores?
-Sin lugar a dudas que ayuda. Pero, en educación ¿por qué no convocar a los diez o doce directores generales de escuelas de los últimos años? Levantemos la mirada. Los problemas ahí están y siguen dando vueltas. Recuperemos la experiencia a nivel de supervisores, de directores de escuela.
-Ya se hacen muchas convocatorias de sectores. ¿Qué falta?
-Yo felicito que se hagan. Pero hay que ponerle más dinamismo, más convicción y probablemente lo que se necesite es algún liderazgo mayor, para que los tiempos se apuren y los resultados se vean. Hoy se hace el diagnóstico y se fijan objetivos generales, pero no se define con qué instrumentos se hacen. Estas convocatorias nunca terminan en decisiones concretas.
-¿Aspira a volver a la gestión pública?
-Lo mío es ayudar a una mejor gestión.
-¿De otros o propia?
-De otros. Esto es lo útil. Esto no pretende ser la sustitución de los nuevos por los viejos. Sé que hay épocas en la vida, lo cual no significa que me aleje de la política.
-¿Aspira ocupar un rol político-académico?
-No, no académico. Yo creo tener aportes importantes y pretendo que se me escuche y que se hagan las cosas como yo creo que deben hacerse. Y discutir con quien pretenda que se hagan de otra manera. Debemos ser capaces de pensar distinto, por ejemplo es mi caso con Roberto Iglesias, pero ambos tenemos la obligación de resolver el problema.
-¿Tiene ambiciones políticas?
-Sí, pero no en un cargo de gestión. Mi ambición política no tiene que ver con un cargo.
-¿Tiene que ver con la elaboración de una plataforma?
-Más que eso. Yo quiero incidir en las decisiones que se tomen en Mendoza. No sólo en un programa. ¡En una solución! Yo no pretendo sustituir al legislador ni al funcionario, pero aspiro a convencerlos de que esta propuesta es mejor. Ministros y ejecutores sobran en todos los partidos, pero falta levantar la mirada.
-¿Las corporaciones tienen más poder que los gobiernos?
-El tema del conflicto de los grupos económicos y el poder político es permanente. Yo relato lo que a mí me pasó, lo documento y doy mi reflexión. El conflicto empresarios-gobierno ha sido una constante con pocas posibilidades de resolución.
-¿Cambió algo tras la denuncia de Jaque y Cazabán contra Vila-Manzano?
-Creo que se ha avanzado un poco. Hay bastante coincidencia en que no es bueno que las empresas titulares de medios (de comunicación) tengan otras actividades económicas y menos servicios públicos. Esto es de sentido común. Ahora que vamos a modificar la ley de Obras Sanitarias, ésa es una de las condiciones que hay que poner.
-¿Todavía hay una corporación policial que condiciona al poder político?
-Nosotros hicimos un acuerdo político que comenzó a aplicarse. Se acordó un plan y al otro día se estaba votando en la Legislatura. No hay que hacer acuerdos declarativos, sino efectivos.
-¿Cuándo se cayó ese acuerdo?
-No hubo una fecha precisa, se fue sufriendo un desgaste hasta que se cayó. Yo he visto un comisario Quiroga en el diario reivindicando que la Policía vuelve a conducir la Policía. Esto no debe ser así.
A la Policía la debe conducir el poder político y debe hacerse responsable también de los abusos. Porque es muy fácil encargarles el problema y darles la tarea ingrata, echarles la culpa por lo que salió mal y pagarles mal. Eso es suicida además de hipócrita. Eso venimos haciendo.
-¿Qué pasó con OSM?
-Acá hay que ser muy rigurosos con nosotros mismos y discutirlo con mucha honestidad intelectual. En los últimos 14 años se introdujeron los cambios y vamos a tener que reconocer errores todos. Que la discusión no sea pasarnos la pelota.
Hay que ver si falló el modelo, el contrato, la constitución del EPAS o la ejecución. Con todo lo que pasó en la Argentina la tarifa aumentó un 20% en siete años. Esto no es defensa de la empresa, que contribuyó con sus incumplimientos, pero el Estado y el EPAS podrían haber intervenido antes.
-¿Cuándo se debió haber intervenido?
-No sé. En un caso de divorcio el momento no es el primer café frío, sino la acumulación posterior de diferencias. La responsabilidad no es culpa exclusiva de los concesionarios.
Seguramente vamos concluir que el esquema hay que modificarlo, pero para perfeccionarlo porque no es un desastre. Es el sistema que funciona en todo el mundo. No inventamos nada.
El agua siguió siendo pública, la tarifa la fijaba el Estado, la calidad la controlaba el Estado. Si el Estado no fue capaz de encontrar la solución, fue por las personas no por el sistema.
-¿Qué modificaría del sistema?
-Hay que darle más fuerza al EPAS y en el contrato con el nuevo concesionario establecer una cláusula de hechos imprevistos (como el fin de la convertibilidad en 2001) donde se prevean soluciones. Yo sostengo que el modelo era bueno, la solución no era mantener la Obras Sanitarias estatal, sin control y llena de punteros políticos. Esto sí sería un retroceso grave.
-¿El Estado no es capaz de gestionar?
-Debiera serlo.
-¿Preferiría otro concesionario privado?
-No, no. En este caso no. Aparte, no hay margen para que lo haya.
-¿Los privados son siempre eficientes?
-No. Una de mis decepciones es que los privados demostraron ser tan malos o buenos como el Estado. Y basta ver lo que pasó con los bancos, hay que ver la lista de empresas que se hicieron cargo y chocaron a la vuelta de la esquina. Sería muy tonto y no habría aprendido nada si yo creyera que la cosa pasa por la dicotomía privado-estatal. Yo propongo que se hagan normas más ajustadas a la realidad y que se cumplan.
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