Por: Ricardo Kirschbaum.La Presidenta ha afirmado que no hará ningún ajuste en la economía. Que no achicará el gasto y que no será su Gobierno el que recurra a esa receta. Y desafió: si quieren ajuste, que vengan ellos a hacerlo.
El recuerdo de la postergada salida de la convertibilidad, que Menem le dejó con la mecha encendida al gobierno de la Alianza, ha sido en los últimos días mentada por oficialistas y opositores. Unos, para equiparar a la oposición, y sobre todo a los radicales (a los ex Frepaso que mutaron en kirchneristas siempre les perdonan la vida, como si no hubieran sido parte de esa experiencia fracasada), con la explosión social de fines de 2001, y los otros para recordar que De la Rúa contrató como artificiero a Domingo Cavallo para que intentase quitar la espoleta a su propia creación. El artificiero voló por el aire y con él todo el Gobierno.
La cuestión de los recursos para el enorme gasto preocupa al Gobierno. Está echando mano a las reservas y busca otras fuentes de financiación a mano. La inflación ayuda licuando en parte pero la presión salarial se hará sentir cada vez más, así como la necesidad de adecuar aún más algunos índices tarifarios.Por eso, cuando Cristina dice que no habrá ajuste está mandando un claro mensaje si hay cambio de signo en 2011: el artificiero que llegue a la Casa Rosada se topará con problemas económicos irresueltos que le estallarán en las manos.

Comentá la nota