Obtuvo más de 15 puntos de ventaja frente a Gingrich, que prometió seguir en campaña
Romney se impuso con el 46.4% de los votos, frente al 31.9% de su principal rival, Newt Gingrich. Más atrás se ubicaron el conservador cristiano Rick Santorum, con el 13.4%, y el veterano congresista de Texas Ron Paul, que quedó en el cuarto lugar, con el 7% de los votos. Pero, lejos de darse por vencido, el radical Gingrich prometía seguir en la batalla para una "larga carrera", lo que prenuncia un duro debate interno dentro del partido que aspira a desbancar al presidente Barack Obama de la Casa Blanca en noviembre próximo.
La de ayer fue la cuarta ronda electoral interna que mantienen los republicanos. En la primera, en Iowa, se impuso el conservador Rick Santorum; en la segunda, en New Hampshire, arrasó Romney, mientras que Gingrich sorprendió en Carolina del Sur .
Para Romney, la de ayer fue una victoria importante. No sólo se lleva los 50 delegados del estado, sino que además revirtió la sensación de derrota que abrumó su candidatura tras el palazo que, por una diferencia de dos dígitos, le impuso su rival directo en la conservadora Carolina del Sur.
Pero Gingrich no cede. "Morirse de risa mientras cae por el abismo no es una experiencia nueva para él", fue la colorida frase con la que Alexander Burns llamó, desde la página web Político, a no caer en el error de creer que la previsible derrota en Florida minaría el ánimo de este veterano político.
Amante de la historia -él mismo se define como un "intelectual"-, a Gingrich le gusta proyectar la imagen de un guerrero de película: de esos que no aflojan y siguen peleando aunque las flechas enemigas caigan en cascada y estén cada vez más solos en el campo de batalla.
"Imagino que por su mente debe pasar algo así como la idea de que esto no es el final. Ni siquiera el comienzo del final", dijo David Lane, un conocido referente entre los republicanos conservadores.
En el caso de Gingrich existe, también, el convencimiento interno de que puede seguir en batalla y sumar suficientes delegados a la convención partidaria prevista para agosto, en Tampa. Si no se define antes, de allí debe surgir, en última instancia, el candidato republicano que le dispute la presidencia a Obama.
No es que Gingrich ignore los obstáculos. Para empezar, Romney tiene mucho más dinero de campaña que él, a tal extremo que, según trascendió, gastó diez veces más que en la contratación de publicidad para las elecciones de Florida.
Es que no le importan y, en todo caso, espera revertirlos con la aparición de personajes como el magnate de los casinos Sheldon Adelson, que acaba de inyectar 10 millones de dólares para su proyecto.
Contra Obama
Por lo pronto, un precandidato necesita 1144 delegados para ganar la candidatura presidencial republicana. Antes de llegar a Florida, Romney consiguió 37 delegados; Gingrich, 26; Santorum, 14, y Ron Paul, cuatro.
Alrededor de la mitad de los votantes en las primarias de Florida dijo que el factor más importante era apoyar a un candidato que pudiera vencer a Obama en noviembre, de acuerdo con las primeras encuestas en boca de urna.
Como en las primarias de Iowa, New Hampshire y Carolina del Sur, ese aspecto resultó más importante que la experiencia, la estatura moral o la ideología conservadora
Las elecciones de ayer fueron el primer examen de peso para el voto hispano, que en Florida representa más del 13,1% del padrón. En total, un millón y medio de personas, y se descuenta que entre ellas hay mayor simpatía por el Partido Demócrata.
Se trata de una franja social castigada con dureza por la crisis económica: el desempleo entre los latinos supera el 11%, casi tres puntos por arriba del promedio nacional del 8,5%.
Las encuestas anticipaban que, entre los latinos, Romney obtendría el 35% de apoyo, lo que representa más de 14 puntos de diferencia respecto de la proyección para Gingrich.
"A partir de ahora, espero poder concentrarme más en los problemas que nos genera Obama", dijo Romney, en una tácita referencia a que ya no considera tan necesario distraerse con su adversario en la interna.
Pero Gingrich mantiene el temple y la confianza en que sus credenciales conservadoras -y el apoyo de sus principales referentes, como Sarah Palin y Herman Cain- le permitirán vencer a Romney y luego a Obama.
Por su parte, Santorum ayer se negó a retirarse de la carrera, como urge Gingrich, que pretende convertirse así en el único referente del voto conservador..


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