Las diferencias entre las estimaciones de intención de voto dadas a conocer para las elecciones presidenciales venezolanas son muy superiores a las que ocurren en otros países.
Es muy probable que algunas de estas estimaciones estén más cerca del hecho propagandístico que de la medición rigurosa.
Los contextos de polarización política y gran partidización del Estado, como el venezolano, crean condiciones propicias para la "guerra de encuestas": el Estado, que es en todas partes uno de los principales demandantes de sondeos, tiende a contratar sólo a consultoras dóciles, poco propensas a contradecir los deseos de una campaña oficialista que promete generosos contratos gubernamentales o amenaza con discontinuar los existentes. La oposición, a su vez, se ve alentada a contraatacar, difundiendo estimaciones que la favorecen.
Las encuestas son parte de toda campaña moderna. A veces, sin embargo, éstas hacen un uso propagandístico de las encuestas, con la presunción (sin demasiado apoyo en la investigación académica) de que la difusión de cifras favorables ayuda a obtener más votos y también a conservar aliados oportunistas.
Una experiencia argentina reciente es instructiva. En 2009 varias encuestadoras cercanas al oficialismo pronosticaron el triunfo de la lista de diputados bonaerense encabezada por Néstor Kirchner. Ibarómetro (de Doris Capurro, hoy directora de Comunicación de YPF), por ejemplo, daba al FPV una ventaja de unos siete puntos. Tales encuestas no parecen haber ayudado a Kirchner, que perdió por casi tres puntos.
En este caso, y aún más marcadamente en el de Chávez, hay motivos para pensar lo contrario: frente a un candidato oficialista que despierta resistencias, un pronóstico de triunfo puede contribuir a unificar a los votantes opositores en torno de quien tenga más chances de derrotarlo y a inclinar a los indecisos contra el oficialismo "para que gane por menos". Es probable que este efecto explique en parte el reciente crecimiento de Capriles. El resultado de las elecciones venezolanas está abierto, pero difícilmente el uso propagandístico de las encuestas juegue a favor de Chávez


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