Mientras el oficialismo avanza, los sectores anti K concentran sus maniobras en cruentas peleas internas. Ninguno de los espacios puede predecir cómo jugará en las elecciones legislativas de 2013. Mudanzas, raras alianzas y peleas mediáticas
En obra, pero sin fecha visible de culminación y con algunos ruidos de derrumbes; así parece estar la construcción que intenta realizar la oposición.
El radicalismo ha profundizado a lo largo de los años sus internas, al punto de llegar a peleas más encarnizadas que las que disputa con el oficialismo.
Ahora la dirigencia del centenario partido está dividida en tres sectores bien demarcados, aunque cada espacio también se encuentra dividido entre sí.
Por un lado están los dirigentes del sector que encabeza Ricardo Alfonsín. Ellos, el presidente del Comité Provincia, Miguel Bazze; el senador nacional por la provincia de Jujuy, Gerardo Morales; el diputado nacional Ricardo Gil Lavedra; Juan Manuel Casella y Carlos Pérez Gresia.
Por otro lado se encuentran aquellos que coquetean con el macrismo. A pesar de que lo niegan puertas afuera, muchos reconocen en off que han mantenido conversaciones con Emilio Monzó, el armador del PRO, y varios se han dejado ver públicamente con dirigentes de este sector. Estos son Mario Meoni (intendente de Junín), Mario Barbieri (diputado nacional), Héctor Gutiérrez (intendente de Pergamino), Oscar Aguad (diputado nacional) y Ramón Mestre (intendente de Córdoba), entre otros.
Días atrás, el presidente del Comité nacional, Mario Barletta, reconoció a La Tecla que intendentes radicales dialogan con otras fuerzas, aunque aclaró que son conversaciones referidas a las gestiones. Sin embargo, desde el alfosinismo se quejan porque “son los mismos que en 2007 se fueron con el kirchnerismo”.
Luego se encolumna el sector que lideran los históricos dirigentes Leopoldo Moreau y Federico Storani, y que incluye también a legisladores provinciales, como Sergio Panella.
El Frente Amplio Progresista tampoco pasa por su mejor momento, a pesar de haber conseguido el segundo puesto en las elecciones del pasado 23 de octubre.
Al mejor estilo radicalismo y peronismo, el más reciente armado político con trascendencia nacional también sufre de diferencias ideológicas.
Mientras tanto desde el socialismo rechazan, por ahora, incluir más espacios hasta que las demás fuerzas opositoras se definan, e insisten en desterrar dicha posibilidad al afirmar que “no se analizan futuras incorporaciones porque estamos en una etapa de crecimiento interno”. Desde el GEN sostienen que se puede hablar de la inclusión de nuevas fuerzas al espacio y confirman que existen diálogos con la CC y la UCR. Además, los margaritos insisten en sumar a otras dos fuerzas: el Partido de los Trabajadores del Pueblo (espacio de Juan Carlos Alderete) y Proyecto Sur, algo que incomoda a algunos sectores del FAP, entre los que se destaca el socialismo.
Al igual que el GEN, desde Libres del Sur justifican la decisión de “enviar gestos hacia el radicalismo”, pensando en sumar más dirigentes opositores. Y arremeten contra el pensamiento del socialismo al señalar que “si queremos ser una opción de gobierno tenemos que ser amplios al momento de reunir dirigentes, porque si no será muy difícil la disputa”.
La lentitud del armado y la diferencia de pensamiento entre los espacios hacen que, a un año del acuerdo, todavía no se hayan discutido cuáles son los parámetros para incorporar nuevas fuerzas.
Lejos de esta alianza se encuentra el PRO, con la figura de Mauricio Macri a la cabeza. Gracias a la planeada incidencia del kirchnerismo, el jefe porteño logró convertirse en el único candidato presidencial opositor visible.
Atento a esta circunstancia, busca extender la sigla PRO en toda la Provincia, y capturar la atención de los PJ críticos, que se encuentran diseminados entre los sectores denarvaístas, duhaldistas y otras yerbas.
Pero los macristas bonaerenses no han logrado hasta la fecha posicionarse como la auténtica oposición, y muestran una relación ambigua con el oficialismo provincial.
Por su parte, el diputado nacional Francisco de Narváez, que el próximo 11 de mayo planea lanzar su candidatura a diputado nacional, no consigue ordenar su tropa en el bloque de legisladores provinciales, que le reclaman menor protagonismo de su asesor principal, el diputado nacional Alberto Roberti.
Las consecuencias directas las paga su mujer, Mónica López, jefa del bloque de diputados provinciales de la Celeste y Blanco, que afronta día a día algún nuevo enojo de sus pares. El primero en cuestionar fue el mediático diputado Mauricio D’Alessandro, quien primero quiso marcar paso opositor cuestionando el doble comando ejercido por el vicepresidente del cuerpo, el camporista José Ottavis, y luego apuntó directo a López, reclamándole mayor fuerza de lucha contra el oficialismo. Como respuesta, D’Alessandro fue marginado. Pero ahora son los más denarvaístas, como Fernando Rozas y Guillermo Britos, los que cuestionan los pasos seguidos por su jefe. Gonzalo Atanasof, virtual vice del bloque, y María Elena Torresi, se mantienen mas atentos a sus propias líneas internas, marcadas por Alfredo Atanasof y Osvaldo Mércuri.
En contrapartida, los ex denarvaístas Ramiro Gutiérrez y Jorge Somi intentan regresar al PJ formal, atentos al avance del oficialismo en sus respectivas secciones electorales. En tanto, otro sector, que tiene al senador Alfredo Meckievi como rostro visible, se acerca al PRO, aunque con resistencias hacia la figura de Gabriela Michetti.
En el caso de los duhaldistas, parecen más absortos en asegurarse la continuidad parlamentaria que en concretar un frente PJ opositor. Mientras los diputados Rubén Eslaiman y Jorge Acuña, y el senador Roque Cariglino, se exaltan en fogonear la figura del intendente de Malvinas, Jesús Cariglino, otros, como Gustavo Ferri, ya se embarcaron en el armado macrista. Todos coinciden en mostrar más cautela que amor al nuevo proyecto.
Respecto de la “nueva” Coalición Cívica, el mayor problema que tiene no es superar la imagen de su ex lideresa, Elisa Carrió, sino defenderse de ella, que se ha convertido en su peor enemiga.
El titular del partido, Adrián Pérez, está obligado a sostener su perfil conciliador (necesario para equilibrar el armado a nivel nacional), pero esto le juega en contra a la hora de compararse con la topadora mediática que significa, aún hoy, su ex jefa. A esto se suma el éxodo que padece el partido, que en el último tiempo sufrió la mudanza de la diputada provincial Natalia Gradaschi y varios concejales del Conurbano. La gran mayoría, con Walter Martello a la cabeza, apuestan a la formación de un frente con el FAP.
Esta lógica todavía está en las preliminares, y presenta a la ex socia UCR como principal problema. La urgencia de la Coalición Cívica está centrada en las próximas legislativas del año que viene, donde pondrán a sus cuatro diputados en juego. Si no logran ser parte de un frente opositor, quedarán circunscriptos a la representación de una sola banca en el Senado.
Capturados en sus internas, sin capacidad de reacción ante el avance K, es difícil predecir cómo llegará la oposición a las futuras elecciones legislativas de 2013.





























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