El argentino medio y los Kirchner en el Bicentenario

Por Fernando Laborda

¿Cómo encuentra este Bicentenario a la opinión pública argentina y al Gobierno?

Si bien en los últimos meses las expectativas económicas de la población han mejorado, al tiempo que se advierte una recuperación no menor en el consumo, la visión del país en el largo plazo dista de ser la más positiva.

A título de ejemplo, puede señalarse que apenas un 30 por ciento de los argentinos cree hoy que sus hijos van a vivir mejor que ellos, de acuerdo con un estudio de opinión pública de Graciela Römer y Asociados. La inseguridad pública es una preocupación que no ha dejado de crecer últimamente y, desde la reapertura democrática de 1983, el nivel de confianza en la clase dirigente es en la actualidad uno de los más bajos.

El mismo estudio revela que nuestra autopercepción como país está muy lejos de la euforia de otros tiempos. En efecto, en los últimos años hemos pasado de una situación de clara competencia con Brasil a otra en la cual la sociedad argentina idealiza a Brasil, además de percibir que nuestro futuro económico estará cada vez más atado al de nuestro vecino.

Es paradójico: cien años atrás, Brasil ni siquiera se acercaba al puesto octavo que la Argentina ocupaba entre las potencias mundiales. Pero a lo largo de las dos últimas décadas, la dirigencia brasileña supo articular políticas de Estado y un modelo de país. En la Argentina, en cambio, los proyectos de poder estuvieron por encima de los proyectos de nación.

Los Kirchner y la gente

El Bicentenario también rodea de contradicciones a los Kirchner frente a la opinión pública. La imagen de los dos integrantes del matrimonio presidencial y de la gestión gubernamental ha ido mejorando con lentitud en los últimos meses. La gran diferencia entre las opiniones negativas y las positivas sobre el Gobierno se fue achicando, pero todavía prevalecen claramente las primeras.

La oposición en su conjunto aparece estancada y algunos de sus referentes, en baja, según las distintas encuestas. Se esfumaron los motivos para que la oposición festejara desde ahora un triunfo en las elecciones presidenciales de 2011. Tendrá que trabajar, y mucho, para ofrecerle a la ciudadanía una opción confiable y ganadora.

Nadie puede caer en la euforia ni en los extremismos. Ni la oposición tiene ganada la elección del año próximo de antemano, ni la estrategia de Néstor Kirchner de obtener el 40 por ciento de los votos y una diferencia de diez sobre el segundo, para evitar el tan temido ballottage, parece sencilla.

La imagen negativa de los Kirchner sigue siendo muy elevada y la positiva no perfora con facilidad el umbral del 30 por ciento. Un estilo de gestión agotado y en el que el ex presidente se obstina en no cambiar es una de las claves para que aquella situación permanezca inmodificable. Es un estilo que sólo concibe la construcción de poder a partir del manejo de la caja y de la demonización de sus adversarios.

El dato más positivo

Pero no todo es pesimismo entre los argentinos. Quizás el dato más positivo en estas horas es que, a pesar de la desconfianza en la dirigencia política y del alto grado de insatisfacción e incredulidad en el funcionamiento de nuestras democracia, la ciudadanía argentina no se plantea, como en otras épocas, la posibilidad de un quiebre de nuestro sistema institucional, sino su profundización.

La sociedad argentina quiere más y mejor democracia. Los argentinos hemos crecido en ese aspecto que hace a la cultura cívica y ése es probablemente el dato más alentador en este Bicentenario.

Comentá la nota